Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

/ Psicología de la mujer tos, ni realizar heroicos sacrificios, infundirá, por egoísmo, vil temor en el alma de su esposo. Aque– lla, más amante verdaderamente, pero más digna, estará siempre pronta a ofrendar en las aras de su patria la vida del sér que más ama en el mundo, de aquel de quien todo lo recibe, -padre, hermano, es– poso o hijo;- ésta, preferirá ver envilecida su pa– tria y deshonrada su familia, antes que mirar alzarse ante sus ojos, el pavoroso espectro del porvenir, des– pojado de las joyas y galas con que 1~ vestía su des– ocupada imaginación! Conozco ·una terrible historia, cuyos actores vi– ven aún en su mayor parte, y que voy a referiros, hijas mías, porque es una prueba evidente del grado de indolencia y sequedad de corazón a que puede llegarse, no corrigiendo un defecto que en sus prin– cipios no parece revestir tales síntomas de gravedad. Una aristocrática señora, a quien llamaremos la señora X, joven y bella aún, esposa de un Minis– tro Diplomático, y acostpmbrada desde muy niña a esa vida de .fausto, de ostentación y de placer..es que va embotando las mejores facultades del alma, se preparaba en cierta ocasión para asistir a un gran baile que daba el Jefe del Estado ante el cual se ha– llaba acreditado su marido. La señora X tenía una hija, fruto de primeras nupcias, y que a la sazón conta~a. diez y siete años, en calidad de interna en uno de los principales colegios de la capital, en que residían. En la mañana del día señalado para el bai– le,.vinieron a avisarle a la hermosa dama, -que ab- • sorta en los preparativos de las galas con que debía presentarse en la nocturna fiesta, había olvi"dado a su hija, - que la niña se hallaba muy mala. Hacía días que la madre tenía conocimiento de la enferme– dad; pero convenía a sus deseos creer que no era co– sa de cuidado, y se imaginaba engañar al mal, enga– fíándose a sí propja. Ya no era posible desentenderse por más tiem– po, y envió su carruaje a:l colegio por la niña La pobre criatura llegó exánime a la casa materna. Ha– bía sufrido dos ataques de fiebre perniciosa; y el -149- -

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