Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

L. Larriva de Llona 11 ItETRA.CTACION • ccDije mal: no se encuentra, nó, vacía la cabeza gentil de la hermosura; ni su seno de nítida blancura sólo encierra la nada inerte y fría; "Torpe o ligera asaz, la lengua mía profirió, sin quererlo, una impostura; pero mi distracción o mi locura sensata enmendará mi poesía: I ccQue piensa, la Beldad, pues, sín ambajes .., diré, y son los conceptos de su mente ..... palacios, joyas, muebles y carruajes! "Siente. . . . . . del 1uj o inmensa sed facticia, de materiales goces ansia ardiente: seco egoísmo, vanidad, codicia!n Los hombres son lo que las mujeres quieren que sean, es un dicho que ha pasado a la categoría de axioma. Y yo pregunto: ¿cómo querrán las mujeres que así piensan y así sienten, que sean los hombres? ¡Ah! No será con los esposos, con los hermano:,;;, ni con los hijos de tales mujeres, con los que se formen ,pueblos como los de la antigua Esparta. Nó; la mu- . jer de sentimientos elevados, que ha ennoblecido más y más su inteligencia con el estudio de la filo– sofía cristiana, que ha retemplado qU carácter con las ·penalidades y las fatigas· de la familia; que am– biciona para sus hijos la herm0sa herencia de un nombn( honorable y respet~do, antes que los efímeros bienes . de la fortuna, sabrá ser heroica en los mo– mentos supremos, y antes que vei: envilecido por la cobardía o la traición a su marido, le empujará al campo del honor; y soportará con ánimo valeroso y corazón entero la pobreza y el trabajo, más bien que gozar de todas las comodidades que e} dinero propor– ciona a costa de la honra de sus hijos; mientras que la superficial y vana, incapaz de sentir grandes afe~- _ -148- •

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