Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

L. Larriva de Llona nuevos ·y graves deberes que le aporta el matrimo– nio. Pero si no medita en las obligaciones que ha contraído al dar el sí ante los altares, sí se regocija por los derechos que ha conquistado: derecho de ves– tir más ricos trajes, de lucir más soberbias alhajas que de soltera; derecho de hacer invitaciones para su lujosa c&.sa; derecho de despreciar a . sus amigas menos ricas que ella!. ... ¡Cuántos goces! Pero tam– bién son los únicos. Esta mujer no conocerá jamás otros: creedlo. Hasta sus hijos, si llega a tenerlos, serán para ella un nuevo motivo de vanidad, sola– mente. Y no penséis que exagero. Significarán para su espíritu vacío otros tantos objetos da lujo. De pe– queña, sonreía ufana cada vez que comparaba sus espléndidas muñecas, con las menos lindas que te– nían sus compañeras de colegio; ahora aparecerá en sus labios la misma sonrisa de orgullosa satisfacción al ver a sus hijos, -sus muñecos del presente- me– jor ataviados que los de sus amigas. En cuanto a los atavíos del alma, de eso no se preocupa. Y aún b,ay algo peor. ¡Quién sabe si en vez de estimular los buenos instintos de esas criaturas que ha puesto el Cielo bajo su custodia, fomenta, -in– conscientemente las más veces, - sus pequeñas ma– las tendencias! Los hijos crecen, y muy raro será, que, sobre to– do en los que pertenecen al sexo femenino, no se no– ten las mismas inclinaciones de la madre, y tal vez, corregidas y aumentadas. Si a fortuna del marido ha sido de aquellas que resisten a la loca prodi– galidad de la mujer que os pinto, menos mal; pero si ha sobrevenido la ruina como precisa consecuencia de tan punibles locuras, ¿os imaginais, hijas mías, qué horribles sufrimientos · serán los de esa fami– lia? Alguna de e_sta especie he conocido yo, cuyos ~iembros todos, obcecados por ese fatal vicio here– dau9 de la madre, vivían con la vida más miserable, sujetándose a las mayores privaciones, sin comer ni lo indispensable para sostener su existencia, y, - ¡suprema irrisión de la vanidad! - haciendo todo gé– nero -de sacrificios, endeudándose con todos los cono- - 140 -

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