Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
(_ Psicología de la mujer I cidos, trampeando . a todo el mundo, con tal de po– der presentarse bien engalanados en los paseos y las tertulias a que no dejaban de concurrir, y de poder abonarse a ·los teatros, por exageradamente caras que fuesen las localidades, y por escandalosamente in– morales quy fuesen las obras que las compañías pu– sieran en escena! ..... ¡Y aú'n existen, hijas queridas mías, más gran– des y más horribles pe1igros, de los que no quiero hablaros por ahora, para la mujer poseída por el de– monio de la vanidad! Pero así como no hay sér más antipático e 'inso- • portable en una familia, que la mujer vana, cuyo re- trato he bosquejado imperfectamente en las anterio- res líneas; mnjer que es quisquillosa, susceptible y necia. con sus hermanos y al lado de sus padres; ca– prichosa, irascible y soberbia bajo el techo de su mari- ·do y aun en sus relaciones con sus propios hijos; no hay tipo más noblem~nte simpáticp y atractivo, que el de la mujer modesta y sencilla, que en la prima- vera de su vida ha sido la alegría y el consuelo de \ sus ,.padres y de todos sus deudos; que llegada a la edad del amor, prefirió el cariño sincero de nnó so- lo, a los homenajes frívolos de muchos; y que, con- tenta siempre, porque no ha conocido la tristeza del bien ajeno, gozaba cuando niña con loti trj unfos de sus amigas, complaciéndose en poner de relieve sus meritas; y que después, ya mujer, recibe el santo afec- to .del compañero de ·su vida, no como un tributo de- bido a sus altas prendas, sino como una deuda sagra- da que contrae y que se esforzará en pagar .durante su existencia, con todos los grandes y pequeños sa– crificios de que se compone la vida conyugal. •
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