Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

• 11 L. Larriva de Llo na producido, -como es natural, ~ya concepciones suoli– mes, ya profundos estudios filosóficos y psi~ológicos; . al mismo tiempo que otras, monstruosos abortos, fru- , tos de inteligencias deficientes en sí mismas, o que han sido maleadas por la perversa escueia materia– listá, predominante por desgracia en esta época, y que tan gi~ata acogida encuentra en los espíritus es– trechos y depravados, o tan fácilmente seduce a los que carecen de una sólida y religiosa preparación. ·Las controversias han sido y son universales; pero el punto no ha llegado a dilucidarse sati&facto_. . riamente, y cada individuo o cada colectividad de~ fiendé suF3 ideas con abundant'e co•pia de razones; pe- •• ro sin lograr convence'!- a los contrarios. · Mas ~i está e~ tela _de juicio la conveniencia ? no convenienci~ de adapta1~ l_as facultades de la mi– tad más bella de la hurn,anidad a las altas lucubra– ciones científicas, no !o está, no puede estarlo, la de la ense,fianza moral y filosófico-religiosa, filosófico - qatólica, que es la base sobre la que se asienta más firmemente en la sociedad, la dicha d~l hogar. : Propender a este fin, ensalzando, como ellas lo merecen, ciertas virtudes esencialmente femeninas; combatiendo todos los vicios_o defectos que, or su misma naturaleza y por el medio social en que vi– vimos, hacen presa más -frecuentemente en el cora- . . . zól'l de la mujer que en el del hombre, es el lauro • más .glorioso a que debe aspirar un escritor, máxime si ese escritor pertenece a esa mitad del género hu– mano, ya tantas veces citada, a ·quien la otra mitad se complace en glorificar hasta el fanatismo o en vi· lipendi8:r hasta el encarnizamiento; pero a la que -134-

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