Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

,, Psic~logía de la mujer casi nunca habla~el lenguaje sencillo y sevePo de la verdad. A esta tarea voy a dedicar, hijas de mi alma, todos mis esfuerzo$; procurand_o póner de alto re– lieve virtudes y vicios, para tratar de afianzar las pri– , 1~1eras y de-_extirpar los 8egundos. Ln natüra!eza de la mujer es dócil, por lo ·gene– ral. Sus faltas son con mucha frecuencia incons– cientes. .Alguni:ts hay, entre ellas, y no pocas, de las que. no puede decirse, precisamente, que practican el mal, sino solamente que ·dejan de ·hacer el bien. Es– tas, y son las más, cumpÍen sus deberes tibiamente, flojamente. Son seres p3:sivos, que si no los traicio– nan, es, tal vez, por la instintiva rectitud de ~u natu– raleza, o porque les falta iniciativa así para el mal _como para el bien, no por clara conciencia di ~sos del;)eres. Y hay que tenerla; hay que per:isar en que la felicidad del esposo, 1 el porvenir de los hijos, la~ ' esperanzas de la familia toda,_ depen<ien de los sen-_ timientos del corazón, de las cualidades riel carácter, ,. - de la firmeza de la volun~ad de aquella, que es, por deci~·lo así, el eje al rededor del cual giran todas las figuras de la casa; el sol del sistema planetario del hogar, en ·el cual esparce calor y vida; y qu~ ese ca– lor y esa luz vivificantes de todos lo~ hogares, sale ·del interior al exterior, para difundirse uené:ficamen– te, iluminando tambien el gran Hogar, la gran co- · munidad que llamamos Patria. , , ,.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx