Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
Cartas a mi hijo sentirá latir apresurado su corazón, y agolparse dulces lágrimas a sus ojos, si se encuentra de repen– te ante un retablo de Navidad a donde _quizá ~ue sólo en busca de diversiones mundanas; y que le recuer– da al instante los santos entretenimientos de stt di– chosa infancia; y descubrirá involuntariamente su cabeza si pa$a delante de la imagen del Crucifica– do.... Y él, él, que se mofa de las-prácticas exter– nas, ~errará entonces un momento los ojos de la cara para ver mejor con los del alma, allá, en el fondo de ·su memoria, la,, su.ave figura de la mujer que por al– gunos años fué su amorosa providencia en la tierra; y re · parecerá mirarla arrodillada al pie de. su dimi– nuto y blanco lecho, implorando la clemencia de ia Virgen ,Madre para su hijo, cuya vida se encuentra • seriamente amenazada! .... Para este hombre, por pervertido gue esté, hay aún esperanza de salvación. Difícil es que una madre pueda por sí sola edu– car a sus hijas. Aun dado el caso de que e1la posea todas las aptitudes morales e intelectuales que para llenar acertadamente esa sublime tarea se requie– ren, mil circunstancias extrínsecas se lo impiden por fo general. Las condiciones especiales de cada fami– lia, los elementos más o menos heterogéneos de que se compone Qada hogar, los deberes sociales, inelu– dibles a veces, y tantos y tantos inconvenientes, que sería inoficioso enumerar, y que cada·persona en– cuentra en el propio medio en que vive, impiden el cumplimiento de esa obligación, que :'.lluchas madres se proponen llevar ·a cabo, pero que muy _pocas pue– den realizar de una manera satisfactoria. -9- 2
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