Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

' L. Larriva de Llona Pero estas dificultades que se presentan tratán– dose de la enseñanza de las niñas en la casa, suben de rmnto hasta convertirse en obstáculos insupera– bles, cuando se trata de los niños. Raro es que una madre pueda conservar a su hijo a su lado, después de los diez o doce años de edad. El g1nero .mismo de los estudios a que debe dedicarse; su carácter turhu– lento e indómito; la expa.nsión de que desd_e muy temprano ha menester su naturaleza física y moral; el anhelo del saber; el deseo de libertad que tan ta fuerza ejerce en los pechos masculinos; el encanto de lo desconocido, que le· atrae con seducción irre– sistible; todo, todo le llama desde muy temprano le– jos del apacible hogar; todo, todo le arranca ele los amorosos brazos maternales, que en vano pugnan por retenerlo; todo le aparta de los inocentes juegos con las hermanas cariñosas; porque él, anheloso ,. de ser honibre grande cuanto antes, se apresura a rom– per las suaves cadenas que le atan, para lanzarse con avidez en ese mundo desconocido", que tantas decepciones le ofrecerá bien pronto; que tan acerbo llanto hará ·derramar a sus ojos, de los que hasta en– tonces sólo ·habían corrido las dulces lágrimas de la infancia! ¡Ah! ¡Y cómo temería a ese mundo, có– mo huiría de él eri vez de buscarlo con tan inquieto afán,siestuviese dotado de una imposible preciencia! .Demasiado pronto, pues, queda el niño entrega– do, casi exclusivam~nte, a los.cuidados y las ense– .fianzas de sus preceptores y de sus maestros; y cada día que pasa le va alejando más y más del lado de su madre y de ese rinconcito del hogar, de ese abri– , gado nido, en que al despertar a la vida física ~ió - 10 -

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