Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Cartas a mi hijo trozada por sus propias manos esa frente, que él ·creía urna- de generos_os pensamientos tan sólo! La Providencia le había castigado en Ru dicha de padre, l)Or haber sido él urnnal hijo. ¡Ah! ¡Go,n qué fervor oraba de rodillas ante un Crucifijo, en sus insomnes noches! ¡Cómo evocaba:- las sombras de sus padres y de su hijo, dulces y a-pacibles las primtras, cual las vió siempre; ceñuda y ens~ingrentada la última, co– mo apareció ante sus miradas en aquell~ noche fa. tal! Y - ¡cosa rara! - ltegnba hasta a conformarse con la últiiTrn horrible catástrofe, consoláfldose con la idea 1lA q11e en el postrer instante se habría arre– pentido Eduardo de su crimen y habría impetrado la Clemencia Divina; pero a lo que no se resignaba era, a no obtener Hl perdón de sus viejos. padres que tal vez h,, brían muerto maldi.ciéndole. Esta idea se habí~ afernufo a su cerehro, y le atormentaba a_toctas horas: Y¿1, estaba castigado, y no se quejaba del castigo; lo aceptaba humildemen– te, pe1·0 queda saber que se tenía en cuenta Allá Arriba su contrición y se desesper~ba porque no sen– tía repercutir en Pl fondó de su conciencia esa voz de misericonlia que tanto ansiaba oír. La pobreza, la miseria, qne pronto sustituyeron . a la opulencia en sn morad3, le encont,raron i ndife– rente. Se fué a vivir en un cuartucho humifde-con una pobre octogenaria que lo había visto nacer, ' y a quien él, a partir de ese día, ahrnmó con sns resp_e- - tuosas atenciones y caricias, haciéndose ·la ilusión de qtrn esa mujer represen taha a su madre. · Por fin, una noche, en eee albergue, que era ya un miserable tugurio, sintió qne enjugaba su llanto • de Rtrición el beso de la Misericordia Infinita; y co– mo no esperaba más para dejar este mundo, la obra que comenzó el <iolor la concluyó la alegría. Esa no– che murió D. Diego Fernández! .... Pero no quiero Lermínar est:t carta sin decirte, hijo mfo, que no es la herencia de las malas pasio– nes una fatalidad a la que precisamente hayamos de · someternos _sin luchar, pues esto eqnivaldrfa a de– clararnos completamente irresponsables. Nó: Dios ·-113- IS .,. • •

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