Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
,1 L. Larriva de Llona jugadores q, la mala,, como algunos incautos lo fue– ron en otro tiempo, de las fullerías de su padre!•:.... ·.. El hecho _es que una noche, cuando más tran– quilo se encontraba D. Diego en su lecho, le desper– taron las voces de sus criados, que hablaban altera– dámente de una horrible desgrJ1,cia-; y, cuando, tré– mulo y desatentado, cual si presintiera la tremenda catástrofe, saltó del lecho para- inquirir lo que pasa– ba, se dió de manos a boca con su hijo moribundo a quien traían en impro-yisada camilla. ' ¡El mismo se había quitado la vida, después de ,,, una enorme pérdida al juego, en uno de esos aristo– cráticos círculos, que no son otra cosa, por lo gené- ral, que disimulados garitos!.. . . '· ¿Qué fué de D. Diego, después de tan atroz des– dicha? ¡Había perdido _al mismo ttempo su hijo y . su fortuna! ¿Despertaría eJ)tonces su conciencia? ¿Recordaría a sus desventurados pacires, y se arre– pentiría, aunque tar_díamente, de su infame compor- • tamiento para con ellos? ¿Reconocería el ineludible castigo de la Provirlencia, e inclinaría la altiva fren- · te, humillándola ante la severa justicia? , Así lo creo, por los datos que tengo, y p01·que sólo volví a v_erle en el templo, que fué desde enton- ., ces el 1ugar en que pasó la mayor parte de sus ho, ras. ¡Y muy difícil era reconocer en ese viejecito encorvado que no levantaba los ojos del suelo, y que permanecía abstraído en sus oraciones por hora.R en– teras, al orgulloso y arrqgante D. Diego Fernández! · Es que mihaban su organismo los dos más grnn– dei=, sufrimientos que pueden afligir a un sér huma– no: el dolor de haber perdido - ¡y de qué manera!;... al hijo de su corazón, y el remordimiento por ~l mal que había causado a sus padres; remordimiento que se de8pertaba en. su alma cuando ese mal era ya irre• ' mediable. ¡Cuán angustiosos eran sus días, ~uán e:,spanto– sas sus noches! La idea de lo irí·evocable torturaba · su espíritu de manera indecible. · ¡Muerto su hijo, tan joven, tan hermoso, cuando todas las dichas del mundo parecían sonreírle! Des- -112 - .-
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