Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

• Ca r,as a mi hijo Y pasaban los aflos, y ,,,en cada Uno de ellos, cre– cía más y más la fortuna de Fernandez; y crecían proporcionalmente las constd_eraciones y el respeto · qne le demostraban sus conciudadanos. Hasta los mismos ·testigos de las bajas p·asionés de su moce– dad, parecían haberlas ol v.idado ya por completo. . ¡Sólo la Suprema Justicia no olvidaba! · De su breve matrimonio con una distinguida seflorita, tuvo D. Diego un hijo; ún hijo ünico, qlle era el orgullo y la adoración de su v-ida, como lo ha– bía sido él de la de sus padres, antes de que entra- ra en la ominosa senda de los vicius. - • Nada había ahorrado D. Diego para dar una bri– llante educación a su Eduardo; pero olvidó, por su desgracia, que aquí, en· la Tierra, suele Dios premiar o castigar a los hijos, segün sus :merecimientos. El había hecho sufrir a sus padres; justo era que su hi– jo le hiciera sufrfr a él a su vez. Al dar la vida _a ese sér adorado. le trasmitió con ella sus malas in– clinaciones. _ · . Y Slicedió que, aunque en verdad, no tuvo Eduar– do nunca a 1~ vista perniciosos ejemplos, pues D. Diego h&ibía renunciado ya a sus antiguos hábitos cuando el niño despertó a la luz de la razón, los ins– tintos heredados tenían que manifestarse fatal– mt:mte. · Eduardo se hallaba .a la cabezá d~ la casa comer– cial de su padre, quien tenía en el joven la más cie- ga confianza; y, por lo mismo no vigilaba jamás sus ,, actos, oejándole gozar de una omnímoda libertad. Muylejos ·estabadesospecharquesu hijo también ju– gaba. Sí debo decir que éste, rico desde la cuna, acos– fümbrado a despreciar el dinero, que había maneja- do siempre a mnnos llenas, no ·ganaba casi nunca, ni' ,. hacítt por ganar. Jugaba, no con la avidez con que,, en su tiempo, lo hacía su padre, - quien siempre tuvo ,en mira el adquirir una fortuna, - sino única– mente por jugar, por saborear las punzantes emo– c_iones del juego, no por el deseo de aqrecentar sus caudales, y quizás si por es-a ley de las compensa– ciones, q-µe rara vez falla, era él la víctima de lqs -111- ·.

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