Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
• ·L. Larriva de Llona El vicio que a éste dominaba con más fuerza, - aunque a todos pagaba tributo en su ocasión,- era el abominable del juego, y bien habría podido retra– társele con-este buen soneto, en que Val verde López traza los repugnantes perfiles del jugador, y que re- comiendo a tu memoria: uSin Dios, porque lo olvida en su locura; sin ley, porque atrevido la vulnera; sin hogar, porque -¡infame!- le perdiera; sin hijos, porque pan no les procura; sin salud, porque tiene calentura; - sin fe, porque del Cielo desespera; tal es del jugador, la verdadera imponente, fcj,tídica figura. / Vedle; llf3ga al tapete, su atonía en sorda excitación se cambia luego; lat~ su corazón con furia,impía; ¡ay! se siente morir, olas de fuego azotan su cerebro ...., y todavía • con cavernosa voz, exclama: - ¡juego!" Y lo peor era que, según las voces que corrían, no sólo había sido Diego Fernández jugador, si@ que, para may_or oprobio e ignomini_a se le había ta– chado más de una vez de fullero en los círéulos que frecuentaba. ¡Razón que les sobraba tuvieron sus honrados padres al morirse de vergüenza! ·Sea de ello lo que fuere, pasó la juventud de D. Diego, y con ella se fueron también, al parecer, to– das sus criminales locuras, pues cuando yo le cono– cí, era un caballero muy formal, muy serio, y no po– co orguHoso; y, aunque, como he dicho ya, eran mu– chas ·1as personas que atribuían un origen -impuro a • sus caudales, esto se decía ya en voz muy baja, en tanto que ostensiblemente rendían todos parias a ese mismo dinero de cuya indigna. procedencia mur- . muraban. ¡Así, tan cobarde. su~le ser el mundo! -110- - •
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx