Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
• L. Larri-va de Llona cauto que una vez víctima de sus pérfidas asechan_; zas habrá de hacer heroicos esfuerzos para salvarse y n~ lo logrará, probablemente, sin dejar, como justo castigo qe su debilidad, algunos girones de su salud y de su honra entre las garras del m0nstruo que en él había -hecho presa. Pero ¿he de ser yo quien te hable de las mala& pasiones que dominan a una gran parte de l~s perso– nas de tu sexo, aunque sólo sea con el -objeto de pro– curar apartarte de ellas? ¿Ha de ser tu madre quien descorra, con ::;us propias m::tnos, el velo que oculta aún a tus miradas virginal es, tán tas miserias, tántas dégradaciones, tán tas iniquidades, tán to oprobio? Sí: así ha de ser, aunque, al hacerlo, se estre– mezcan 1-as fibras más delicadas de mi corazón. Las madres estamos dotadas de un- valor heroico que se _ revela en las ocasiones supremas: No es el médico más compasivo el que aparta con horror la vista de la llaga que ha de curar, sino aquel que con firme pulso aplica ef cauterio hast,a sobre la parte sana, a fin de preservarla de_la gan– grena que la amenaza. Y volviendo a las madres, al– gunas he visto yo que,después de luchar errvano por espacio de largos días con la implacable muerte, han__,,. tenido suficiente valor para retener entre sus brazos los inertes despojos del hijo idolatrado, hasta el ins- • tan te fatal en que era preciso devolverlos a la madre tierra, prestándoles todos aquellos cuidados que no necesita., en verqad, el que ya no existe;- pero que consuelan al que S()li)revive! .... Y siempre he creído que sabían amar mejor éstas,que aquellas otras que se deja n arranca r del lecho de agonía de ese pedazo de sus entá-añ.as, por evitarse un dolor inte11s0; y no recogen su úl timo suspiro~ qne deberían guardar en el arca santa de los inefables recuerdos, del mismo modo que guard.tffOn su primera sonrisa y su primer beso! Resignémono~ al mal, pues el- mal existe; pero trªtemos de sacar el bien de ese mismo mal, utili– zando las tremendas lecciones que diariamente nos ofrece. Si los jóveq.es pudieran prever hasta ad.onde los - 96 -
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