Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Cartas a mi t.ijo conducirá el primer paso que den en el camino del desorden y de la depravación, todos retrocederían ho- . rrorizados; pero el arrepentimiento llega general-_ mente demasiado tarde,- si es que llega, y una larga vida de lágrimas, y de expiación, si basta para re_s– catar al alma que ha e$tado a 1 punto de perder,su di- · cha eterna por unos pocos momentos de impuros go– ces y de facticias alegrías, no pu~de, casi nunca, de– vol ver la salud y la inocencia perd.idas, que son los fu JJ 'amen tos esen_ciales de )a felicidad terrena. Y, volviendo·a mi comparación anterior, de los , males del alma con los del cuerpo, como no siempre -has de ser inocente, hijo mío, t~ diré ·que, así como eri las grandes epidemias recurrimos, por consejo de los hor:nbres de ciencia, a los preservativos más efica– ces, quieru que las sanas advertencias de tu madre te sirvan de poderoso · preservativo en las asoladoras epidemias morales. · Claro es, sin embargo, que no te hablaré sino . tocándolas muy por encima, de ciertas pasiones moi·– bosas cuyo minucioso análisis me está vedado, por mi sexo, por mi educación, por el medio social en el que por dicha he vivido siempre y hasta p01'" la mis– ma naturaleza de ·nuestras mutuas relaciones. Con– fío en que para prec~verte de caer en tales abismos, . bastarán los sentiJnientos de honor y de· dignidad y la rectitud de <;.arácter que debes haber heredado qe tu padre y del mío, y que yo trato · de fortalecer con el mayor ahinco; así como esa delicadeza ingénita, ese respeto al propio -individ_uo, . q__ue me complazco en reconocer en tí, y que crecerá cada día-así lo espero, -con la razón y con la fiel observancia de los pr"eGep- tos de la Religión cristiana. · La embriaguez, el alcoholismo, es la más funes- "-ta plaga del siglo diecinueve. Puede decirse que- es el vici() dominante de la humanidad . en esta época, al mismo tiempo -que su más tren;endo castigo. Y casi podría asegurarte, hijo querido, que es 1 también · el más r~pugnante y el que más envilece al hombre. Porque, aun admitiend.o, que en sí mismo sea menos grave que algunos otros, por sus ~onsecuencias fa- - 97 1-

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