Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

CARTA DECIMA ·SEXTA No es posible, hijo mío, que yo pase revistá en estas-cartas a todos los defectos o vicios de que ado– lecen muchos hombres y que np ·pocas veces conclu– yen por enagenarles por completo el cariflo de las per– sonas que los rodean.Me concretaré pnr lo tanto, a los más culminantes ó frecuentes, la mayor parte de los cuales no provienen -de un corazón pervertido, srno de un carácter irascible o de una educación descui– dada o de la criminal condescendencia de la sociedad ~n que vivlmos. Y aun algúnos de esos defectos na– cen de sentimientos nobles en su origen, pero que no están_templados por un claro y bien definido sen- ..- tido moral y por la equidad y la justicia que deben piesi_dir a todos los actos de nuestra vida. · Cómo cada estación dt=,l año es más o menos propicia para hace1~ desarrollar los gérmenes de tal o cual enferm_edad, así en cada eiglo brotan y crecen con más o menos vigor estos o aquellos vicios, estas o aquellas enfermedades del alma, tan contagiosas como las del -cuerpo, y mucho más temibles en rea– lidad, puesto que la mayor parte de las veces ejer– cen su acción destructora así en la parte móral, co– mo en la parte física del individuo. Y luego, del cólera morbus, de la peste negra, de la hidrofobia, se apartan todos con más horror que caridad; en tanto que la embriaguez, el liberti– naje, el juego, atraen con irresistible seducción al in- - 95 - •

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