Boletín de la Biblioteca Nacional N° 9
la civilización occidental será salvada; no por ello dejaremos de decirles ahora a los pueblos americanos que, en nuestra angustia, los consideramos como los guardianes y los garantes de esta civilización que ha dado tan grandes obras y debe darlas todavía". Hasta aquí el mensaje de Duhamel. Ahora bien; si esto dice un escri~ tor de Francia. máximo exponente de la literatura y cultura latinas, podemos asegurar que fué lo que se dijeron todos los intelectuales y artistas de la Eu~ ropa asolada, hasta ese entonces depositaria de la civilización occidental. Es América quien ha recogido y ahora devuelve, enriquecida por los ma~ tices de su espiritualidad, las expresiones del Arte y la Ciencia universales. Por muchos años nuestros países fueron un depósito, un almacén en don~ de, con celo de dueñas de la Edad Media, empozamos el patrimonio legado por las dos razas y civilizaciones que llevamos en nosotros. Muy lejos de apro~ vechar los senderos y abrir las puertas cuyas llaves poseíamos, cuyos hitos se~ ñalaban, nos encerramos en el recinto de la Historia y vivimos en las glorias del pasado. Hoy no es así. De Centro América y las Antillas nos llegó el ruido de cadenas rotas por Darío y Martí. De Argentina y Chile el de las trompe~ tas de Lugones y la protesta de Neruda. Antes, precediendo la marcha hacia la Gloria nos llegó la voz, el grito de un coloso: Whitman. y aquí, en nues~ tro propio suelo al cual sentimos estremecerse, oímos las voces de Chocano y Vallejo. América, naciones jóvenes, ha sido llamada; y América, naciones viejas, responde. Responde al Viejo Mundo. Responde a Europa. Responde a Georges Duhamel. y acepta la gloriosa carga. El testamento de la civiliza~ ción occidental ya tiene herederos. Somos y seguiremos siendo "los guardia~ nes y los }farantes de esta civilización". En Hunter's College se están haciendo esfuerzo enormes; América está luchando por la paz porque sabe que es el único camino que la llevará a la cumbre. En París. es América quien dice la palabra que es la verdad. En la UNRRA, América sacrifica a sus pueblos y se dá entera por salvar a los hombres. mujeres y niños víctimas del hambre. porque sabe que ellos servi~ rán mañana su misma causa, la causa de la superación. Es así que. trayendo el problema mundial donde los horizontes se han hecho noche, a la comparación con lo que en lo espiritual significara para no~ sotros el incendio de la Biblioteca Nacional. nos hacemos depositarios y ga~ rantes del futuro referencial histórico, artístico y moral de la Nación, y del patrimonio cultural que nos legaran San Martín y Monteagudo, Palma y Paz Soldán. Sería obvio tratar de hacer la historia de la Biblioteca; ella es bien cono~ cida por la mayoría del pueblo peruano, y ha sido tratada en diferentes aspec~ tos por distinguidos y autorizados escritores e historiadores. Más aún; ella se encuentra al alcance del común de las gentes. pues en varias fechas y tam~ bién con motivo del desastre que hoy se conmemora todos los periódicos y revistas de América publicaron artículos muy interesantes y bien documen- tados. Pero ahora, desviándonos del aspecto histórico y literario de la cuestión, y mirando hacia atrás podemos ver claramente el aspecto general que se pre- senta a nosotros como un panorama en declive, pues la realidad es ésta: hoy, la Biblioteca Nacional se ha superado, en función del tiempo y en relación con el medio. Era ya evidente que nuestro pueblo tomaba un camino diametralmente opuesto al seguido hasta entonces. Empezaba a utilizar su sentido social, y
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx