Boletín de la Biblioteca Nacional N° 9
34 Mi sueño no es absurdo ni desmesurado, porque nuestra callada labor no tiene solamente por objeto organizar un brillante equipo administrativo, capaz de moverse con soltura y corrección en el moderno edificio que se construye en la Avenida Abancay; nuestra misión no es cautelar intereses materiales y caducos. Consiste sobre todo en formar el acervo cultural peruano; estamos tratando de que nuestra patria viva, por fin, con el Siglo XX; queremos remo~ ver la loza que aprisiona al pueblo del Perú y decirle: "Levántate y anda". Muchos claman que el Perú es un problema; nosotros hemos aprendido a ver en nuestra Patria una hermosa posibilidad. Y a lograrla dedicamos lo me~ jor de nuestros esfuerzos. Cotidianamente, se desarrolla dentro de cuatro po~ bres salones de la Escuela Nacional de Bellas Artes, un drama magnífico en el cual son autores y actores algunos pocos hombres y mujeres que marchan en pos de quien ha osado revivir las santas inquietudes del Bibliotecario Men~ digo. Lima ignota los afanes de estos nuevos cruzados; nada sabe de sus lu~ chas por ganar el túmulo donde se guardan los valores morales que presidi...' rán el nacimiento del Nuevo Perú. Mas cuando no quede sobre el camino huella que delate el paso de los romeros, mirarán hacia el horizonte de los. tiempos las generaciones venideras, y acaso agradecerán, desde lo más profun~ do de sus corazones, a aquellos que rindieron sus energías por alcanzar para los peruanos la realización del ideal de saber más. Se conocerá entonces que alguna vez ciertos seres trabajaron duramente por fincar muy hondo los cimientos de una cultura peculiar, y se descubrirá que, sobre este esfuerzo básico, pudo obtenerse la más completa madurez de un pueblo. Podrá así referirse como el Perú, de Estado de Derecho. llegó a ser Nación. Y se nos reconocerá haber contribuido a formar alguna parte dEl} alma nacional. Nuestra misión. inspirada en la enseñanza de no esperar recompensas temporales, tiene mucho de apostolado. Me apena, por eso, declarar que tan nobles lecciones hallan sólo débil eco etí mi espíritu: porque mi egoísmo cla~ ma y se afana por obtener inmediata retribución. Me detengo a pensar que aún los Doce Discípulos gozaron y fueron recompensados al incrementarse ef nÚmero de los Seguidores del Señor; y ello me conturba. Miro dentro de mí; examínome con sinceridad, y descubro cuál es el ga~ lardón ansiado. Queremos. las Catalogadoras de la Segunda Promoción. que nuestra labor no sea estéril: el despertar de un pueblo es el único premio que deseamos. Si logramos contribuir a que nazca el ansia de saber en los obreros y em~ pleados, en los estudiantes y soldados, en los hombres y las mujeres, comen~ zará a dibujarse la alborada de la cultura nacional. Que todos ellos. ávidos lectores, llenen los salones de la Nueva Bibliote~ ca: j Esa es nuestra invocación! Palabras del señor Lucíano Herrera por la- promoción de 1946 de la Escuela de Biblio- tecarios irradiadas el día 12 de Mayo. Quiero empezar este pequeño comentario leyendo para ustedes el men~ saje que Georges Duhamel le confiara al profesor Pasteur Vallery~Radot pa~ ra los amigos de las letras francesas en América Latina. y que dice: "En las horas más crueles de esta guerra desvastadora. nuestro pensa- miento tomaba a veces una solemnidad testamentaria. Podemos creer hoy que
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