Boletín de la Biblioteca Nacional N° 9

33 CON MOTIVO DEL ANIVERSARIO DEL INCENDIO DE LA BIBLIOTECA NACIONAL· Palabras de la Srta. Olivia Ojeda por la primera promoción de la Escuela de Bi- bliotecarios irradiadas el 12 de Mayo, Cuando sobrevino el incendio en 1943, ya la Biblioteca Nacional desde hacía cerca de dos años estaba rumbo .a su verdadero destino de servicio so- cial. Con el catálogo en marcha iba haciéndose la luz en un fondo bibliográ- fico en tiniebla. -casi ignorado- casi. porque había allí unos cuantos hombres a los que hemos d-ado en llamar hombres llaves. conocedores absolutos de sus libros y sus lugares; pero. sólo ellos. <::erca de ellos. vivieroIl en esa casa pn- tes que el fuego, quienes laboraban en ese catálogo, esforzados adelantados, el fruto de cuyo trabajo resultó el cimiento de la paradoja de una Biblioteca nacional que vivió sin catálogo y de un catálogo que la sobrevivió sin libros. Ese esfuerzo segado hermana en el tiempo a los catalogadores de enton- ces y a los bibliotecarios de hoy. Consumada la pérdida, el plan de reconstrucción contempló como nece- sidad absoluta la formación de personal especializado. Hoy. en su resurrección, la Biblioteca Nacional alienta al sentir el paso decidido de sus hombres y el renovado de la primera, de la segunda, tercera generaciones de bibliotecarios formados en su escuela, que se aprestan fervo- rosos a cumplir este otro mandamiento: dar de leer. Palabras de la Srta. Blanca Adrianzén por la segunda promoción de la Escuela de Bi- bliotecarios irradiadas el 12 de Mayo. Porque carezco de títulos para referirme al pasado de nuestra Biblioteca Nacional y no gozo de renombre que me autorice a hablar de su futuro. me produjo cierto desasosiego el encargo honroso de participar. llevando la pala- bra de la Segunda Promoción de la Escuela de Bibliotecarios. en el acto con que se conmemora un aniversario más del incendio de 1943. Dijéronme, sin embargo, que juventud e inquietud no sólo son palabras que riman, sino conceptos que se confunden y aúnan. Y esta idea me con- dujo a la solución de mi problema. Pensando como joven, encontré oportuno que eminencias disertasen sobre historia y estadistas e intelectuales avizora- sen el porvenir. pues cosas son ambas que convienen a cerebros privilegiados; y hallé justo, además, que quien no posee otro patrimonio que su capacidad para querer intensamente a una patria. ni otro medio de expresión que la pu- reza de sus sentimientos, deje, llegado el caso, fluir libremente su corazón, sin trabas de ninguna especie. Quizá alguien vea en las frases siguientes una invocación; tal vez otros las llamen charla. Para mí constituyen, simplemen- te, el desborde de mi sinceridad; y nada más. Creo tener buen juicio cuando pienso que el mundo no marcha ya por vir- tud de las palabras, sino con el impulso incontrastable de los hechos. Y son tan numerosos y meritorios los que se realizan en nuestras provisionales Ofici- nas que justifican mi ilusión de soñar que algún día, cuando vuelvan a la tie- rra los trovadores que cantaron hace seiscientos años el advenimiento de las nacionalidades europeas, incluyan entre sus romances el que relate las penas y las glorias de la Tercera Biblioteca Nacional del Perú.

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