Boletín de la Biblioteca Nacional N° 81 84

La cultura es de todos y nadie puede ser discriminado en ese baluarte del saber que es la Biblioteca Nacional por razón de sus ideas. Dijimos que la Biblioteca Nacional que hemos recibido en el verano de 1981 por un acto de confianza de un presidente democrático y moderno comp es el arquitecto Fernando Belaúnde Terry, es buena si la miramos desde los cánones de la década del 40, pero está definitivamente desactualizada y atrasada desde el punto c!'e vista de la década de 1980, cuando ya alborea el siglo XXI. Mucho, quizás demasiado es lo que ha avanzado el mundo en esta segunda mi- tad del siglo XX, las Bibliatecas del mundo desarrollado han entrado al cam~ po de la automatización, de la cibernética, y las nuevas técnicas de la informá~ tica, hacen parcialmente obsoleto el conjunto de métodos y de técnicas que eran modernos y actuantes en Ja década del 40. Hoy los bancos de información, las computadoras, las terminales que se nutren por micro ondas y por medio de satélites son los que mantienen a una institución bibliotecaria a la altura de los tiempos que vivimos. El mundo se ha empequeñecido, y las formas y lími- tes del saber han dado un salto gigantesco, y en esto, nuestra Biblioteca Nacio- nal se ha quedado lamentablemente en el estado en que estuvo a fines de la dé- cada del 40. Llevamos treinta años de atraso respecto a las Bibliotecas del mun- do desarrollado. Una nueva catástrofe, menos dramática que el saqueo de la soidadesca chilena o el incendio aleve de 1943 se ha abatido sobre nuestra Biblioteca Na- cional, una catástrofe sutil, más insidiosa, menos sentida· y visible, pero no por eso menos trágica, es decir que ésta nueva tragedia puede resumirse en un par de palabras ATRASO Y OLVIDO. La Biblioteca Nacional es hoy una insti- tución que se ha quedado atrás del progreso del siglo, y que no llame a escán- dalo lo que afirmo, ni que nadie se rasgue las vestiduras hipócritamente por lo que yo aquí valientemente digo. ¿Cómo puede ser moderna una Biblioteca Na- cional, cuyos fondos bibliográficos de carácter científico tienen veinte y treinta años de atraso?. ¿Cómo no resulta "atrasada" una institución que ofrece al lector un libro de Física de 1945, o un libro de Biología de 1950? ¿Cómo puede estar latiendo junto con el mundo una institución que no puede contar con una com- putadora, un banco de datos o una interconexión electrónica con los bancos de datos del mundo desarrollado, sea este rojo, azul o amarillo. Pero hay otro tipo de catástrofe mucho más peligrosa, casi invisible, inasible para quien no tiene los sentidos alerta y la conciencia pronta al cambio, Gestino inevitable de la historia. No es sólo la Biblioteca la que se ha devaluado, es pricipalmente el libro el que está empezando a volverse obsoleto sin que apenas lo percibamos. El libro instrumento supremo de la idea y de la cultura, arma por excelencia de la maduración mental, invento supremo bajo cuya in- fluencia hemos vivido durante cinco siglos, del siglo XV al XX hoy está trági- camente amenazado. Y esto apenas lo notamos, el salto electrónico de nuestro siglo, la revolución, mejor diríamos explosión de los medios de comunicación de masas, la radio y sobre todo la televisión, para ya no contar el cine, arras- tran a las multitudes a un tipo de conocimiento visual y auditivo a base de imá- genes y de símbolos y de pocas, poquísimas ideas. La televisión. el cine v la radio tiene hoy un poder inconmensurable, son captados por centenas de miles de per~ sonas, quizás millones, y en una forma instantánea, cómoda, ausente de esfuerzo van machacando, inculcando modelos en los cuales el ojo, el oído perciben,

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