Boletín de la Biblioteca Nacional N° 81 84
hasta ahora. !Qué tesoros de folletos, periódicos, y opúsculos se escondían bajo el rubro genérico y engañosamente poco prometedor de "Papeles Varios"! !Cuánta luz salió de ellos sobre nuestro propio pasado! !Cuántos tesoros más quedaron olvidados, por descubrir y revelar sus secretos en esas salas mortecinas y añejas de la vieja Biblioteca Nacional! Todo ésto, como si fuera la obra de un genio maléfico, se derrumbó por ensalmo en la hora aciaga del incendio del 10 de mayo de 1943 y el fuego arrasó no sólo los tesoros bibliográficos que la vieja Biblioteca Nacional escondía, sino que con él se evaporó, se volatilizó la esperanza y la obra de toda una generación. Carlos A. Romero, anciano e incomprendido, tuvo que cargar con la responsabilidad política del incendio de la Biblioteca Nacional, aunque nadie probara que tuvo Ja culpa de él, y pese a que sobre su origen se tejieron las más enmarañadas y maliciosas hipótesis, hoy 38 años después, continúa en el limbo del misterio, el origen, las causas y las circunstancias de la horrorosa tragedia cultural del 10 de mayo de 1943. Es entonces, en medio de la negrura de los escombros, de lo profundo de la pira funeraria que había consumido la 'memoria de nuestro pasado que in- surgió, vigorosa, valiente, premonitoria, casi sobrehumana, la voz y la tarea de Jorge Basadre para reconstruir nuevamente esta vez desde el polvo de las ceni- zas, la tercera Biblioteca Nacional del Perú. !Cómo no admirar la obra de este hombre, que prácticamente solo, con un puñado de colaboradores, en ape- nas un lustro, levantó no sólo el edificio nuevo que hoy conocemos, sino que reconstituyó sus fondos perdidos en el incendio, hasta hacer la nueva Biblioteca, quizás más rica de lo que fuera antes de 19431 La obra de Basadre tuvo no solamente el valor de una reconstrucción, fue ante todo una creación de éste gigante de la cultura peruana del siglo XX , Con Basadre nació una Biblioteca moderna, a tono con la mitad del siglo XX, con departamentos diversos, con secciones consagradas específicamente a la ín- vestigación y a los investigadores, Basadre inventó, o trajo al Perú, que es lo mismo, una profesión nueva, la de Bibliotecario, y así nació esta tercera Bi- blioteca Nacional del Perú, como una institución pujante y vigorosa, que suce- sivos directores; Cristóbal de Losada y Puga, el Padre Vargas Ugarte, Carlos Cueto Fernandini, Guillermo Lohman, Estuardo Núñez y María C. Bonilla de Gaviria, mejoraron y alimentaron con sus esfuerzos, su obra creadora, sus sa- crificios y sus sueños. Esta es la institución que recibimos en marzo de 1981, es decir una Bi- blioteca construída en la década del 40, buena para el tiempo de la post gue- rra mundial, que conserva aún en parte el plan que Basadre le inspirara, y a la cual puso "en forma" el historiador de la República, con un personal sacrificado, capaz, amante de su tarea y premunido de una mística, pero mal remunerado, e incomprendido en los aciagos años de la dictadura reciente, por quienes convir- tieron el Instituto Nacional de Cultura en una institución de absurda centrali- zación, que la ha conducido a su actual situación de postergación, al ser la Bi- blioteca una mera actividad de un órgano mayor, que absorve sus energías, traba la administración y le hace perder lo fundamental en un órgano de cultura, la capacidad de obrar y pensar por si misma, en un clima de tolerancia, com- prensión, y respeto para todas las ideas, porque la cultura, como la poesía, o la especulación metafísica no tiene partido, no admite espíritu de bandería.
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