Boletín de la Biblioteca Nacional N° 8
456 Un hecho que puede llamar la atención es el siguiente: Documentoil del siglo pasado como la "Estadística General de Lima" de Manuel A. Fuentes, (de la que se han publicado interesantes extractos en este. Boletín, 1, 4, Julio de 1944, p. 383·399), lo mismo que la voz pública, y los periódicos, han hablado a menudo de los numerosos y valiosísimos incunables universales y de las edi· ciones rarísimas - verdaderos tesoros - poseídos p~r la Biblioteca Nacional. Fuentes enumera específicamente algunos, y varias personas me han hablado de los Elzevires de la Biblioteca Nacional en términos que hacían .suponer la exis· tencia de una colección importante. Personalmente recuerdo haber pasado va· rias horas en 1939 y 1940 revisando uno por uno varios de los estantes del Salón Europa, en búsqueda de ediciones de clásicos griegos y latinos y de Padres de la Iglesia; puedo afirmar que vi entonces numerosas ediciones de los siglos XVII, XVIII Y comienzos del XIX (en los campos que me interesaban la Bi· blioteca parecía no haber hecho ninguna adquisición importante después de 1850 ó 1860) pero no recuerdo haber hallado ninguno de esos libroll de valor o rareza tan extraordinaria que cortan el aliento de un bibliófilo. Es sabido, pues tenemos testimonios tan irrecusables como los de Palma y de Middendorf, que todo un patrimonio bibliográfico de gran valor se pero dió durante la ocupación chilena. Pero no por eso deja de llamar la atención el que en la lista que sigue, así como entre otras obras ya revisadas, no apa· reciese ninguna edición aldina ( en el sentido amplio, es decir incluyendo a todas las ediciones de los Manucio, así como las· imitaciones de los Giunta y otros hasta 1525) y solamente un Elzevir. Era más probable "a priori" hallar numerosas "platinianas" sobre todo Biblias y libros de oración, para los que, en virtud de la especial protección dispensada por ,Felipe 11 a Cristóbal Plantin, poseían privilegio especial; de hecho hay varias pero su número no es extraordi· nariamente grande y en mayoría son "moretianas". En cuanto a incunables, fue· ra del "Tratado de Quiromancia" (que se guardaba en la Dirección, pero que no salió (f de las prensas de un impresor de gran fama) del que· no me ocupo, no he encontrado sino dos, y otro que posiblemente, pero no probablemente sea tal; he buscado en vanO' hasta ahora otro incunable mencionado en el catálogo ma· nuscrito de obras de Filosofía del Salón Europa, redactado por Clemente Palma y O. Espinoza en 1900: catálogo redactado algo ingenuamente (coloca los "Prin· cipios" de Descartes entre los "cursos elementales) e incompleto, como se verá, ~ero que contiene entre otras indicaciones la siguiente: 1j.-"Platón. Divus Plato. Traducción al latín de Marsilio Ficino Floren· tino Impressum Venetiis per Bernardinum de Choris de Cremona et 5imone de lucro impensis Andreae toresani d,e Asula. 13 Augu~ti 1491". ·Andreas Torresano de Asola (Lombardía) fué, como es sabido, discípulo de Nicolás Jinson cuyo taller adquirió cn l479, y suegro de Aldo Manucio, que se casó con María Torresani, y se asoció con Andreas desde 1508 hasta su muerte en 1515. Y ésta de 1491 es la primera edición de la traducción de Pla· tón por Marsilio Ficino. i Ojalá nos sea dado encontrar este libro, así como fué hallado cuando ya había perdido la esperanza, el otro incunable, así indicado en el susodicho catálogo: "Boecio, De consolatione, Venetiis 1439, falta la cará·
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