Boletín de la Biblioteca Nacional N° 8

455 rescatados del incendio de la Biblioteca Nacional de Lima. Pero aún prescin– diendo de su imposibilidad, en este caso nuestros libros aparecerían por lo que son, o sea, debido a esta circunstancia, ejemplares únicos: vale decir, cuyo pre– cio no es determinable de antemano. Por consiguiente, conviene considerar, en primer término, el valor cultural de las obras en sentido amplio, o sea, no sólo por la utilidad que pueden ofre– cer ahora, sino por su significación histórica; y en segundo término, el valor también cultural e histórico pero que, desde cierto punto de vista, me 'atreve– ría llamar "sentimental". En cuanto al primero, se podrá observar que, para ciertas obras - p. e. las obras maestras de las grandes literaturas - los ade– lantos de la crítica por un lado y de la técnica tipográfica por otro, haccn más converiiente y hasta agradable leerlas en ediciones modernas. Pero no existen ediciones recientes de todos los libros que no por ser antiguos, dejan, de ser ins– trumentos de trabajo útiles y a veces indispensables. Y en cuanto al otro valor, el "sentimental" - que como he dicho, es también cultural e histórico no creo que sea posible mantenerse indiferentes frente al hecho de haberse hallado, entre los rescatados, obras que han tenido una influencia decisiva en la histo– ria de las ciencias, de las letras, de la política y del pensamiento humano '~n general. Su presencia misma - muy especialmente cuando se pueda determinar su procedencia, y cuándo y por quiénes fueron traídas aquí - es ya un docu– mento valioso e interesante para la historia cultural del J,>erú. Algunas poseen anotaciones manuscritas que convendría examinar, por ser testimonios de ha– ber sidio leídas y estudiadas, y por lo tanto de haber contribuído en alguna me– dida a la formación de la cultura peruana y de aquel patrimonio espiritual, con– junto de sentimientos e ideas que poco a poco formó el alma de esta nueva na– ción, haciéndole adquirir la conciencia de ser efectivamente Nación, y de po– seer personalidad propia y característica. De modo que se trata de obras que, aún como reliquías, recuerdan, bien sea los esfuerzos verdageramente heróicos, de Ricardo Palma, y los días de tristeza qu~ no fueron sin gloria, bien sea la misma época de adolescencia del Perú, cuando se formó la primera ~iblioteca Nacional, y confluyeron a ella los libros heredados de la época Virreynal, etapa dc formación de la nacionalidad, que un día había de reclamar su Independcn– cía. También recordarán a las generaciones venideras el incendjo de mayo de 1943 y la reacción valiente de un pueblo que quizo rehacer su Biblioteca Na– cional, y con su esfuerzo y la ayuda solidaria de otros en plena segunda Gue– rra Mundial -- logró Crear la nuevá Biblioteca, continuación de la antigua, pero más amplia, y renovada en su local, en su organización, en su técnica y, lo que más vale, en su espíritu. Por ese motivo, rogaría si me fuera permitido expresar un deseo, que mientras a los ilesos y a los "heridos", después de recibir el tratamiento ade– cuado, se les permitirá volver a ocupar su sitio en la vida civil de los anaqueles comunes; a los mutilados y a los inválidos permanentes, se les reserve un rin– cón apartado, para descansar tranquilos; y, aún cuando fuera necesario indicar su estado, no se les condene a aquella verdadera "muerte civil" del libro. que consiste en no tener ficha en el catálogo.

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