Boletín de la Biblioteca Nacional N° 8
4.54 bros, compartirá sin duda este optimismo. Pero se requieren para cllo proce· dimientos largos y costosos, en laboratorios muy bien equipados y a cargo de técnicos espécializados. Desde un punto de vista práctico me parece muy dudoso que esto se pueda realizar por ahora, y dudosa también la conveniencia de in· tentarlo. Pero tengo fé que ha de llegar el día en que algún bibliotecario peruano, formado en la Escuela de Lima, pueda ser enviado a perfeccionarse en esta clase de estudios, en la "Vaticana", en la "Ecole des Chartes", o en otra insti· tución parecida; y al regresar a su patria, realice las investigaciones originales que le sugeriría su clima tan particular, o la presencia de parásitos y bacterias desconocidos en otras latitudes. Por el momento, sin embargo, tan crecidos gas– tos sólo se justificarían en uno que otro caso especial, cuando se tratara de obras de un valor absolutamente excepcional. La mención de "valor" me obliga a hacer una aclaración. Con ella no me refiero, ni única, ni siquiera principalmente, al valor comercial. Y esto por varias razones. En primer lugar, porque a excepción de los libros peruanos o americanos, de los cuales no he de ocuparme - la Biblioteca no posee, por ahora, papiros, manuscritos medievales, incunables o libros raros de valor tan grande que no esté sujeto a las oscilaciones de precio tan frecuentes en un mer– cado difícil como el de los libros antiguos y especialmente en tiempos excepcio– nales, cuando no hay país que no sufra las consecuencias de cierta inflación monetaria. Puede ser - lo considero probable - que extendiéndose gradual. mente a la América Latina, y al Perú en particular, una tendencia ya bien arraigada en los Estados Unidos, (y también aprovechando la situación europea en la post-guerra), algún día, la acción combinada del Estado y de particu– lares amantes de la cultura logre dotar a la Biblioteca Nacional de Lima con obras de esta clase. Pero, por ahora, estamos todavía lejos de ello. En segundo lugar, apenas si cabe subrayar que es todavía prematuro hablar de un "mercado" de libros antiguos y raros en el Perú. Precisamente ciertas ventas que se han realizado últimamente, además de la deficiente orga· nización del comercio .( todavía más bien de "libros usados" que de "libros an– tiguos y raros"), la que se refleja en los precios, a veces excesivamente bajos, otras exageradamente elevados, que se han pedidv y realizado, (a menudo tras largo regateo), prueban que no existe todavía en nuestro medio un verdadero mercado anticuario de libros, con demanda y oferta regulares y de cierto volu– men. Así pues toda indicación de precio debería basarse sobre las condicione., existentes en otros mercados, con los cuales es difícil tener relaciones directas y continuas, y en los que se hacen sentir tendencias e idiosincrasias de coleccionis– tas cuyos' intereses económicos y culturales son distintos a los que han de prevalecer aquí. y aún prescindiendo de todo lo anterior, last but not le.ast, debemos con· sideral' el estado de conservación de los libros mismos. Sólo un número muy li– mit Ido de ellos está en condiciones de poder ser ofrecidos por un comerciante o adquiridos por un coleccionista. Hay un solo caso, en que podrían ser toma– dos en consideración para una venta, y es precisamente el caso que )lO va a producirse: el de ser ofrecidos con 1 11 indicación de que se trata de los librO"
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