Boletín de la Biblioteca Nacional N° 8
453 puede excluir que algunos de estos daños puedan haberse producido aún ante¡¡ de que los libros ingresaran a la Biblioteca Nacional; aunque parezca probable que ellos estuviesen en buen estado en el momcnto en que fueron aceptados, y que los posibles deterioros se anotaran en el inventario ya que no existía Catálogo) . En esta categoría deben incluirse también los daños procedentes de la defi· ciente encuadernación, sea directa, sea indirectaluente; en mucÍl0s libros los da· ños causados por el incendio fueron mayores, debido a que el encuadernador re· cortó excesivamente los márgenes, especialmente el interior, con el resultado que, al ser presa éste de las llam~s, se' perdió también par,te del texto. En otros casos, fue un error evidente el encuadernar en un solo tomo obras distintas, de dis· tintos autores y de formato diferente. b) Daños debidos a la acción del fuego, que destruyó no solamente los bordes superior e inferior, sino también. el derecho ; y a veces, el calor por si solo debió ser suficiente para carbonizar obras enteras o partes considerables de ellas. c) Daños que deben considerarse como cOI}secuencias indirectas del in· cendio. El agua arrojada en gran cantidad por los bomberos hizo que varias hojas de libros antiguos (impresos sobre papel a mano, sin cola, y de escasa resistencia, empleado en los siglos XVI a XIX) --- se empapasen y al secarse se arrugaran, pegándose las unas a las otras, en forma tal que el separarlas "in romo perlas es sobremanera difícil, y casi imposible cuando elitre las hojas ha pene· trado polvo, cenizas y tierra (en algunos he hallado también piedrecitas), fol" mando como un conglomerado, que después se ha endurecido y encogido. Ade· más, varios libros no fueron rescatados completos, o de una sola vez de las llamas; en los primeros días después del incendio, debió produc'irse un desorden, cuyas consecuencias se hacen sentir hasta ahora. Desde luego, no he perdido la esperanza de completar algunos de los li· bros dados hafita ahora por incompletos. Pero, buscar una por una las partes que faltan o aislar, por decirlo así, todas las obras incompletas, hubiera signi· ficado demorar mucho la presentación de este informe. Por consiguiente, la lista que sigue incluye numerosas obras incompletas; me reservo agregar en las sucesivas, en forma de apéndice, la mención de las partes que aparecieren. He omitido sin embargo aquellas, de las cuales tengo ya la seguridad que podrán ser completadas - o por lo menos, reducirse considerablemente sus lagunas actuales. También me he abstenido de hacer reparaciones, Solo en ciertos "casos de extrem~ urgencia" he procedido a reformar los márgenes rotos con papel en· gomado transparente, para evitar nuevas rupturas. Pero sí, todos los libros revi· sados -con la excepción de los pocos que guardan su encuadernación-- se han colocado entre hojas de cartón, sobre una de las cuales se ha colocado una fi· cha que lleva las indicaciones necesarias para su indentificación. Una reparación efectiva, que hasta cierto punto devuelva, a los libros más interesantes, su aspecto original, es, sin duda, posible. Quien haya podido ha· cerse una idea de los resultados alcanzados por las modernas "Clínicas" de li·
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