Boletín de la Biblioteca Nacional N° 8
El Fondo Europeo Biblioteca en la antigua Nacional Señor Director de la Biblioteca Nacional: Al remitirle el presente informe, deseo ante todo expresarle mi muy sincero agradecimiento por haberme brindado la oportunidad de pasar muchas horas en medio de libros interesantes, en el simpático y estimulante ambiente de la Bi– blioteca Nacional. Quiero agregar en seguida que las anotaciones que siguen de nmguna ma– nera podrán oonsiderarse exhaustivas, ni pretenden tampoco serlo. En efecto, hasta la identificación exacta de algunas obras ha revelado ser tarea difícil, y a veces imposible. por ahora. Cuando se ha perdido, sea comple– tamente o sólo en parte, la portada o las primeras páginas de un libro, así cómo las últimas que, de ordinario, llevan el colofón, no queda generalmente manera alguna de averiguar el nombre del autor, el del impresor, el título o bien el lu– gar y la fecha de ]a edición. La identificación ha de fundamentarse únicamente sobre el texto, lo que resulta fácil cuando se trata de obras como el Quijote o los Diálogos de Platón; pero en otros casos excede la capacidad de quien no se haya especializado en la "litcratura" antigua de determinada rama del saber. Lo que equivale a decir que deberían ser muchas y de una cultura realmente excepcional, las personas que se dedicaren a esta tarea. Felizmente ya no está muy lej ano el día en que se podrá tener de nuevo correspondencia fácil, segura y rápida con las bibliotecas europeas, lo que hará posible comprobar tamo bién la exactitud de los datos referentes a otras obras' en que las indicaciones fundamentales se han perdido sólo parcialmente. Estas últimas son más nume· rosas que las señaladas anteriormente, pero presentan problemas y dificultades parecidas a aquellas que ofrece la integración de un papiro, de un pergamill6, o de un epígrafe mutilados. Para esta labor he aprovechado las obras de con· sulta existentes en la Biblioteca. De sobra sería hablar del estado en que han sido halladas las obras res· catadas, o de las causas de su deterioro; pero, para explicar por qué ha sido, y es, difícil y larga mi tarea. me permitiré hacer una breve reseña general de los daños sufridos por los libros que he visto, y de sus causas principales. De una manera general, pueden clasificarse como sigue: a) Daños anteriores al incendio: manchas, hongos y otros efectos de la acción lenta y continua de la humedad y del polvo, picaduras de polillas; des– garramientos o pérdidas de páginas o láminas, debidos al descuido de lectores y del persc nal encargado de la conservación de los 1il~os (por supuesto, no se
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