Boletín de la Biblioteca Nacional N° 8

451 ficiente para dar oportunidad a quienes no han tenido la suerte de entrar al curso, a que puedan presentar sus solicitudes a otras escuelas o universidades. Las condiciones son las siguientes: a más de las básicas para todo biblio– tecario, edad máxima 35 años, conocimientos de mecanografia, oC idiomas extran– jeros. Es indispensable leer 'inglés, au'nque no se hable, y la razón es que muchos de los textos en la escuela están en esa lengua. Los cursos, cntre otros, serán de catalogación y clasificación de libros; de Administración de Bibliotecas, con un capítulo especial para la bibliografia ex– tranjera y otro sobre selección y adquisición de libros, además de ~n curso su– mamente interesante sobre Bibliografía Peruana y otro sobre Historia del libro. Como Uds. ven, serán, esta vez, pocos los cursos. No son muy fáciles, pero sí muy atractivos y proporcionan una enorme cultura global. Veamos ahora el aspecto práctico: los alumnos que resulten al final del curso, con mej ores calificativos se quedan en la Biblioteca Nacional, formando parte de su personal técnico; con el resto de los egresados, la Biblioteca tiene el compromiso de buscarles colocación, lo que no es difícil, porque, ahora mismo, hay mucha demanda de bibliotecarios profesionáles para otras instituciones si· milares del Estado o particulares. En forma bastante sumaria, muy! a pesar mío, les he presentado la labor social de una biblioteca moderna y a los bibliotecarios como profesionales; pero ahora quiero hablarles como unecista, como compañera vuestra en las filas de la Acción Católica, a donde Dios nos ha llamado y puesto en nuestras manos la fuerza de la influencia que podemos ejercer a nuestro alrededor. Fuerza que vie– ne en mucho de la preparación superior que Dios ha querido regalarnos como un don de su misericordia, e influencia que nosotros debemos 'aprovechar para ejercer en el bien y la bondad. No escapará a ninguna de Uds. el gran apostolado que se puede hacer en esta profesión y cómo podemos con amor y paciencia darnos a los demás orien– tándolos en la lectura y sembrando en sus almas, a la vez, la sed del saber y la sed del bien. Pocos actos más hermosos que poner en manos de un niño un libro; de ser las primeras en abrir· a sus oj os las maravillas que encierran en sí los ,libros buenos y bellos, de sentir la satisfacción enorme de haber marcado en su alma el primer surco que lo conduzca en ascensión constante, sabe Dios hasta qué altura. Igualmente mucho es lo que puede hacer el apostolado católico en la bi– blioteca de ciegos, hospitales y aún en la, de obreros. Resumiendo podemos decir que la profesión de bibliotecario es una profe– sión de amor a la cultura y amor a los semejantes, es pues una verdadera carre– ra de apostolado. Mary WE5rON.

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