Boletín de la Biblioteca Nacional N° 8

400 InICIar el mOVImIento para concretar en apoyo efectivo el dominante sentimiento de adhesión. No hay en ello mérito alguno. Faltando su voz, es indudable que otras muchas hubiesen concitado la do– nación generosa. La respuesta al llamado está en esta copia de libros que hoy ofrecemos sen– cillamente como regalo fraterno a la nueva Biblioteca Nacional del Perú y como fruto granado de nuestro sincero afecto por una nación y un pueb10 qu~ asienta sus raíces con las nuestras en un pasado común y es hermano en ideales, pesa– res y alegrías. Junto a la de la Biblioteca Nacional, la acción de fa Comisión Especial de Ayuda, presidida por don Roberto Levillier, su insustituíble director y el desinterés particular, crearon esta biblioteca que se señala no por su valor mate– rial, sino por el más deseable del espíritu que la creó. Colocada en sus estantes, allá en la hermosa capital de vuestra Patria, ella será permanente embajada espiritual de nuestra patria y anudará otro lazo más en las muy estrechas ataduras que nos unen. Para ello, señor embajador, os la entrego en nombre del pueblo argentino. DISCURSO DEL ENCARGADO DE NEGOCIOS DEL PERU Señor Director; En vísperas de la fiesta del, Perú, hoyes un grato día escogido con exqui– sita delicadeza por el ilustre Director de la Biblioteca Nacional para entregar el valioso donativo de libros que, con singular esmero, envía el pueblo argen– tino para que vaya a ocupar un deferente .sitial en la nueva Biblioteca Nacional de Lima. Este precioso tesoro bibli~gráfico que recibo, en nombre del gobierno del Perú, es un rico presente que remite este hermoso país hermano y amigo, que de esa manera desea contribuir a la restitución de la Biblioteca peruana, que fué manantial histórico y cultural de tanta jerarquía en América; que fué fundada por San Martín y estimada como la joya más preciada de su espíritu. La Biblioteca de Lima que fué enlace de ~iglos del saber y hogar de con– vivencia común de tantas generaciones americanas, constituyó también la mu– ralla de esa solidaridad fraterna que cubre, sin sospechas ni recelos, esa amable e indestructible realidad que auna en un solo abrazo de comprensión al Perú y a la República Argentina. Bien lo decía, señor Director, de aquel deplorable auto de fe, que fué la destrucción de la Biblioteca de Lima, perdió la investigación una veta de inago– tables hallazgos y satisfacciones y se cerró a la cultura, cegada injustamente, una de las fuentes bibliográficas más puras de América. Es cierto que en la América descubierta con sus aborígenes, se plasmó

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