Boletín de la Biblioteca Nacional N° 6

109 Es asi Excmo. señor como se propaga !ainstrucción, como se populariza la ciencia y como las naciones llegan al verdadero estado de civilización. Mas, no. debemos mirar sólo bajo este aspecto, la importancia de las bibliotecas popu- lares. ellas son el complemento necesario de las escuelas de instrucción primaria. Un 'maestro sin libros, es como un astrónomo que quisiese observar el movimiento de los astros sin anteojos, o como un fisico, que qpisiese experimentar los efectos del calóri- co. del magnetismo o de la electricidad sin los aparatos necesarios, sometido a una ciega rutina de la cual nunca sale, siembra en la inteligencia de los jóvenes errores. que son tras- cendentales en la vida. Los discípulos ceñidos al estrpcho sendero que les ha marcado el maestro, salen de la escuela, apenas sabiendo leer y escribir, y los conocimientos esenciales para los usos de la vida y para el mejor ejercicio de los derechos civiles y politicos, los ignoran completamente; porque el maestro no ha podido trasnlitirlos. Esta instrucción im- perfecta, si instrucción puede llamarse, es much".s veces más perniciosa, que la misma ig- norancia, a la cual las leyes protege contra la mala fé o perfidia. Nosotros conocemos prácticamente los funestos efectos de esta mala instrucción, que se da en las escuelas. no sólo en las provincias dpl interior, sino en las capitales de los de- partamentos y aun en esta misma ciudad: sólo el año de 1870, la municipalidad de enton- ces dió un grande impulso a estos establecimientos y se conoció la profunda diferencia en- tre las escuelas sostenidas por el fisco. sujetas al antiguo régimen; esa municipalidad, entu- siasta por todo lo que se referia a la instrucción pública. comprendió desde luego, la nece- sidad de una biblioteca para el uso del pueblo. votó una suma. los libros se compraron y no se si la municipalidad que le sucedió, ha organizado este establecimiento. No sólo la municipalidad de Lima del año 70 ha conocido la importancia de las bibliotecas para el pue- blo, muchos particulares tienen esta misma convicción, entre ellos citaré al filántropo D. José Sevilla. que no hace mucho tiempo. ha establecido una muy bien surtida en el pue- blo de San Pedro en el Norte. y tengo conocimeinto de los buenos efectos que está dando. Si el Congreso da el ejemplo sancionando esta ley, estoy persuadido, que dentro de po- co, la acción de los particulares. las multiplicará, hasta en los lugares más apartados, como ha sucedido en Estados Unidos de Norte América y está sucediendo en los estados del Plata. En el presupuesto general de la República se vota más de un millón de soles, para el sostenimiento de las escuelas de instrucción primaria. y sensible es decirlo, poco o casi nin- gún fruto se ha recogido en el mayor número de ellas, y puedo asegurar sin incurrir en una hipérbole, que en una gran parte de los pueblos del interi,or no hay verdaderas escuelas, sin embargo de haber maestros que perciben la renta. No niego que hay muchas causas de este desconcierto en la instrucción primaria; pero la principal, es la falta de ilustración en los preceptores: colocados al frente de las escuelas, llevando esa vida como antes he di- cho, monótona de la sierra, no tienen como ensanchar sus conocimientos, al contrario pier- den lo pOGO que han aprendido los examinadores, quizá más ignorantes; que los maestros, jamás pueden saber, si estos han cumplido bien sus deberes y si hay verdadero aprovecha- miento en los alumnos; pero si se les presenta una biblioteca, unos y otros tratarán de ins- truirse, aquellos para enseñar y estos para examinar. la misma vanidad, los llevará a la bi- blioteca, pues no querrán pasar por ignorantes ante el maestro y los discípulos a quienes examinen. Hasta las mismas autoridades politicas sentirán la influencia de estos establecimientos, colocados al frente de ,un departamento. provincia o distrito. desean como es natural el pro- greso de la instrucción, y para mejor protegerla, y cumplir con todas las obligaciones de su cargo. procurando instruirse con la lectura de buenas obras, al mismo tiempo que sen- cillas. Ved pues Excmo. Señor, como el establecimiento de las bibliotecas populares en el Perú causará una verdadera revolución, nó una revolución de matanza, nó una revolución des- tructora, sino una revolución que vivifica, que multiplicará nuestras fuerzas, que consolida- rá la libertad y el orden y que será la principal base sobre la cual descanse el edificio de la República.

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