Boletín de la Biblioteca Nacional N° 6
108 En resumen, la creaClOn de una Comisión o Patronato y la solidaridad en el esfuerzo del Estado y la Nación, del gobierno y los ciudadanos son las di~ rectivas luminosas de la ley argentina. Ellas deben ser completadas bajo un criterio actual con otras pautas igualmente' fundamentales. Una es el reconocimiento público de la condición profesional del bibliotecario, prescribiendo que quienes sean encargados de or~ ganizar o regentar bibliotecas sigan estudios propios dentro de un plazo pru~ dente. La Escuela de Bibliotecarios apenas si dejará de ser un centro de entrenamiento para el personal de la Biblioteca Nacional hasta que no se ofrez~ ca a quienes allí ingresen perspectivas, posibilidades y derechos de carácter profesional. Preciso es también reconocer la diversidad de actividades y de planos de la profesión bibliotecaria. No es lo mismo preparar futuros auxiliares de una biblioteca popular que formar elementos directivos de bibliotecas especiales -por ejemplo de colegios, hospitales, prisiones, etc. Por lo tanto, la escuela, para dar sus frutos, debe tener dos cicjos: uno de capacitación general y otro de diversificación o especificación. Pero para ir a ese plano, ya que la fun~ ción crea el órgano, es preciso abordar el problema previo de legislar o regla~ mentar este asunto desde un punto de vista integral. El discurso del diputado Rodríguez él que nos hemos referido es el si~ guiente: El señor RODRIGUEZ: No distraeré por mucho tiempo la atención de la Cámara; porque la importancia de las bibliotecas populares y la necesidad de establecerlas en el Pe- rú, son tan evidentes, que ofenderia la ilustración de los honorables representantes, si pre- tendiese hacer un análisis detenido, para manifestar sus ventajas. Todos los pueblos civilizados y los que aspiran a serlo, todos los gobiernos especial- mente de Europa y de las principales secciones de América y todos los hombres, que se in- teresan por el bienestar de la humanidad, hacen los mayores esfuerzos, para pccpagar estos establecimientos; y aún cuando nosotros no comprendiésemos inmediatamente su importan- cia, bastaria este hecho, para apresurarnos a imitar tan bello ejemplo. Se ha dicho con mucha razón, que la ventura y la prosperidad de las naciones, depen- den de la ilustración del pueblo; pero ésta no se consigue. sino poniendo al alcance de todas las inteligencias los conocimientos indispensables para que el hombre cumpla con sus debe- res, ya como individuo particular, ya como miembro de una sociedad. Las bibliotecas populares, son una escuela permanente, un maestro que nunca se cansa de trasmitimos las ideas esenciales para nuestra vida fisica, intelectual y moral. En estos establecimientos, se hallan las ideas comunes sobre las artes mecánicas, se co- nocen los instrumentos y el modo como se aplican; la inteligencia se enriquece con más conocimientos y los sentimientos nobles del corazón se desarrollan con la lectura de obras morales, que encerrando nuestros deberes en máximas generales y precisas, los hace accesi- bles aún a las inteligencias más vulgares. Las bibliotecas populares. son E. S. como un bello jardin formado de toda clase de flores, donde el entendimiento puede elegir la que sea más simpática, y asi se logrará despertar las vocaciones de los grandes talentos, que por desgracia se pierden en el interior. En las bibliotecas populares encontrarán, tO.nto el agricultor como el minero, el comer- ciante como el manufacturero, ideas muy importantes para sus industrias: alli el zapatero como el sastre, el carpintero como el herrero y en ~uma todos los que se dedican a algún arte mecánica, hallarán ideas útiles para sus oficios: aHi d hombre trabajador como el ocio- so, encontrarán momentos de verdadero placer, con lecturas amenas y morales. El prime- ro haHará un nuevo estimulo para el trabajo y el segundo comprenderá las funestas con- si.'cuencias de la ociosidad y procura desenvolver sus facultades; aHi en fin. tanto d' hombre instruido como el ignorante cultivan su inteligencia y los mismos dip~tados gozarán en es- tos establecimientos de civiliZación, momentos de solaz y con provecho para mitigar la mo- notonía de la vída de la sierra.
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