Boletín de la Biblioteca Nacional N° 59 60

15 borador en lo eclesiástico, en lo cultural y en lo patriótico, a Francisco de Paula Vígíl que aprendió de su ejemplo, la austeridad y la gallardía para sustentar sus conviccciones, a Juan Coello que le debió la modestia y la rectitud en el cumplimien- to de la misión biblotecaria, a Bartolomé Herrera que entendió como pocos la mi- sión civilizadora y fundamental de la Biblioteca dentro de la cultura peruana, a Manuel de Odriozola que a su sombra realizó la empresa de recopilación documen- talista más meritoria del siglo XIX, a Ricardo Palma llamado a emular el ejemplo de Arce al reconstruirla y organizarla sobre los despojos y la ruina, enmascarado en la sonrisa y el ingenio; a Manuel González Prada que dio a la Biblioteca sentido universal y de orden ajustado a los nuevos tiempos, a Luis Ulloa Cisneros que le comunicó plena inclinación investigadora, a Alejandro Deustua que le brindó el rigor y la disciplina de su vocación pedagógica y filosófica, a Carlos A. Romero que hurgó con tesón en los fondos documentales, a Jorge Basadre que rehizo la Biblio- teca convertida en pavesas y le dio la organización técnica que ha mantenido hasta hoy y creó el instituto de formación profesional del bibliotecario del que han sa- lido más de 26 promociones; a Cristóbal de Losada y Puga celoso y' eficaz conti- nuador de aquella obra reconstructora, a Rubén Vargas Ugarte acucioso mvestiga- dor de la historia peruana que en breve lapso afrontó sus mayores problemas y se aplicó a resolverlos; a Carlos Cueto Fernandini que le comunicó dignidad y presti- gio acorde con su misión educadora, y finalmente a Guillermo Lohmann Villena que supo darle vigencia nacional, decoro intelectual y validez ante instituciones cultu- rales extranjeras . Arce pensaba sin duda, [y su meditación la compartieron aquel forjador de li- bertad que fue San Martín, o aquel ideólogo que guió muchos de los pasos de éste, Juan García del Río, o aquellos hombres que dirigieron esta casa con fe de visio- narios durante siglo y medio,] que la cultura no es un simple adorno, ni un aditivo para dorar otras actividades, ni un ingrediente adjetivo o inocuo. Todos ellos enten- dieron o intuyeron que la cultura es un elemento consustancial del hombre y acaso, como ha dicho Alfonso Reyes, su misma sustancia. La cultura es el resultado de una suma de conquistas espirituales hechas por el hombre en el pasado que van pro- yectándose hacia el presente y el porvenir. En la medida que el hombre es cortciente de cómo es y de cómo ha llegado a ser, de su propia naturaleza y del mundo que le .rodea, puede decirse que ha llegado a ser culto. Por eso "conservar y continuar la cultura es conservar y continuar al hombre". En esa empresa y afanoso empeño el libro ocupa un lugar principalísirno así corno es primordial e insustituible la misión de la biblioteca para realizar y culmi- nar la tarea de dar cultura a un pueblo. DISCURSO DEL SE&OR MINISTRO DE EDUCACION El 28 de agosto del presente año se conmemora el Sesquicentenario de la Fun- dación de la Biblioteca Nacional, magnífica ocasión no sólo para volver la vista hacia el pasado y hacer una breve reseña histórica de este importante centro de cultura de nuestra época republicana, sino también para realizar el análisis de la situación actual y delinear una política de promoción y expansión bibliotecaria. El General don José de San Martín, pese a los agudos problemas políticos y militares que afrontaba, expidió el decreto de establecimiento de la Biblioteca Na- cional, cuando aún no habían transcurrido treinta días de la proclamación de la Independencia Nacional, poniendo de relieve su preocupación por el cultivo del intelecto así corno por la conservación de los documentos que registraban nuestra historia. Su acción no sólo quedó limitada a la promulgación del decreto de fun- dación de la Biblioteca Nacional, sino también a la donación de parte importante

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