Boletín de la Biblioteca Nacional N° 57 58

4 requiere un intenso estudio. Desde sus petroglifos (Linares 1960:297) hasta las comunidades contemporáneas. Si nos circunscribimos a la documentación histórica, nos encontramos que desde un primer momento, los españoles fueron testigos ele una extraordinaria diversidad étnica. En una provisión del año 1535 (Barriga 1955:1-2) Francisco de Pizarro concede a Cristóbal Pérez y iSu hijo una encomienda que comprendía 17 "pueblos" de la provincia ele Conclesuyos. Y nos basta leer con atención los nom- bres de curacas y poblados para descubrir que la encomienda involucraba gente Chanca, Tallán y Huanca entre otros. Lo mismo se puede decir cuando en 1539, el mismo Pizarro entrega otra encomienda a Juan Ramirez, esta vez el documento (Barriga 1955:12) nos habla explícitamente del curaca yunga Xampiri y de su hijo Iscay que gobernaban el pueblo de Sucay. Un siglo más tarde (1620) comentando la necesidad de que los indios apren- dar1 castellano, Fray Pedro Perca, obispo de Arequipa, mencionaba ya, uno de los tópicos más interesantes de nuestro documento: los diversos idiomas y dialectos utilizados en su jurisdicción, "por descuido de los que gobiernan han dejado ol- vidar los indios de algunas provincias la lengua general que introdujeron en el reíno los reyes incas y se han vuelto a la suya materna con que se ha hecho más difícil su enseñanza, porque en casi todos los obispados son ya menester curas que entiendan tres o cuatro lenguas como vemos en ( ... ) Cuzco que tiene pueblos de indios, quichuas, ayrnaraes y puquinas, la cual diversidad se !zalla en este (obis- vado) de Arequipa y en casi todos los demás". (A.G.I. Audiencia de Lima, 309). En 1792, el intendente de Arequipa, Antonio Alvarez y Jiménez llegará a decir que "no será fácil la total abolición en muchos pueblos de los partidos de Condesuyos, Cavlloma, Tarapacá y Arequipa, que hablan la Quichua(,) en el de Moquegua la Coli y Aymara, en el de Arica la Aymara y en el de Camaná que es corto el núme- ro ele indios que tiene, aunque hablan la Quichua, cortan el castellano por estar sus poblaciones inmediatas a la Costa, sucediendo lo mismo en los pueblos ele los anteriores partidos que están situados al margen del mar (Barriga 1941:75). La situación se repite cuando nuestro cura de Andahua responde al cuestionario, a la tercera pregunta dirá que "El idioma general en estos pueblos es el quichua, la ayrnará, coli, puquina, isapi y chinchaysuyo ... " (Véase el documento adjunto). Esta pluralidad étnica, rea!irmada por la presencia de diversos idiomas se puede deber al sistema de mitimaes impuesto por los incas y a las reducciones es- pañolas que desplazaron a esta zona gente de las más apartadas regiones. A la presencia del curaca yunga ya rncn;:;ionado cabría agregar indios collaguas y gente procedente de Chucuito que llegara a Caima durante la Colonia (Vargas Ugarte 1956: 144). Información proveniente del intendente Jiménez y la correcta inferencia de Duviols (1966: 200) nos permite concluir que el mismo Andahua formaba con Salamanca y San Francisco de los Chichas al menos parte de una etnía mitímae proveniente de la provincia de Chichas en el Oriente boliviano (la idea nos fue ade- más sugerida por Waldemar Espinoza en 1966). Esta presunción podría también apoyarse en la tradición incaica que afirma que las tropas cuzqueüas usaron la vía Arequipa-Atacama para la conquista ele los Chichas (Vazquez de Espinosa 1948:534). Les Chichas bolivianos aparecen frecuentemente en la literatura colonial; ubi- cados al N.E. del arzobispado de Ja Plata constituían en el siglo XVII el límite ju- risCTiccional de éste con el obispado de Tucumán (ibídem: 616). Administrativamen- te la provincia de Chichas estaba unida con Tarija en un solo corregimiento. La zona se hizo famosa por la extracción de oro y plata (Ibidem: 621), aunque pode- mos presumir con cierta certeza que los indígenas estuvieron mucho más intere- sados en la crianza de ganado y producción de tejidos ocupaciones en las que lue- go destacarán los grupos ubicados en Arequipa. La calidad de los pastos y su si-

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