Boletín de la Biblioteca Nacional N° 57 58

13 tumbre. Una junta de bueyes con su arado, reja, ganan y guía, arando un topo les pagan cuatro reales en dinero. A los recién casados les llevan la semilla de balde y comidas. En faena de la cosecha ya. pagan a los que les ayudan con los mismos frutos. Las tierras de esta doctrina son muy areniscas, quemadas, situadas so- bre piedras, y volcanes reventados, y púas. Su cultivo dificultoso, las aguas se sumergen por unos sorbederos que se abren sin saberse donde van a pa- rar: y así su arrendamiento no sube de tres pesos por el topo al año, y baja hasta cuatro reales según el terreno y temperamento. 27. No son iracundos ni crueles; los castigos que usan entre sí son tres o seis azotes, y es el más aparente en atención a su poca cultura, supuesto que no se convencen con razón. 28. Ya no se les reconoce en estos pueblm inclinación a in // molar víctimas humanas. 29. En estos indios ya no se advierten sacrificios que hacían los salvajes a su dios, ni inclinación a ofrecer víctimas humanas. Tampoco observan ceremo- niales con los cadáveres; pero si algunos les ponen comidas por feriados en sus casas, creyendo que el muerto ha de venir a comer, de cuyo error se van ya desimpresionando. 30. Hay algunos pocos acomodados así indios como españoles y mestizos que han adquirido lanas de color de que se habló al número 4? y 25 y condu- ciéndolas para su expendio a lugares distantes, ya con el comercio de la coca, trayéndola de los yungas y con el de la azúcar y aguardiente. También se han hecho algunos ricos trabajando minas: hay muchos minerales en las cordilleras de esta doctrina de estas minas las más están aguadas algunas con socabones corridos que no los han podido pasar y otras que es necesario seguirlas, o habitarlas; todas necesitan de fomento. 31. Ya no existen los caciques gobernadores pasados: españoles han sido los recaudadores de tributos, que ya se han quitado; a estos ya no prestaban más servicio que el de una vida que semanalmente le servía en la cocina y también concurrían todos a sus faenas en la sementera de comunidad, les daban de comer y beber, pero no les pagaban jornal. Con la quitada del tri- buto se acabó este servicio. 32. A los subdelegados sirven los indios con sus personas, y mulas conducién- dolos de un pueblo a otro sin que se les pague. A los curas hasta ahora les ha puesto servicio el pueblo (ya hoy le ha quitado) de los solteros y solteras, reducido a servir dos semanas, un varón que asistía a la mano y una hembra que servía en la cocina. Este servicio les era más útil a ellos que a los curas, por.que a la casa del cura venían a desímpresionarse de abusos y supersticiones, que veían en .sus padres, porque en los días de sus servicios oían con frecuencia el castellano // y rezaban la doctrina cristiana porque el indio inculto es demasiado puerco hasta el exceso de deponer y mearse en lo mismo que come y bebe, y muy desidioso: en la casa del cura aprendía la limpieza, y el aseo, la vigilancia y cuidado: el varón conocía las cosas del manejo del cura, aprendía su nombre y a servir, la hembra aprendía a cocinar y cuidar todo lo que era de su incumbencia, se familiarizaban con su cura y se desimpresionaban de muchos errores y te-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx