Boletín de la Biblioteca Nacional N° 57 58
9 llano, serían que se formalicen las escuelas asalariando preceptores: que se les enseñe la doctrina cristiana en castellano sin dejar de que la sepan en su idioma (así se está practicando en esta parroquia) que siempre que se les ofrezca hablar con su cura, o superiores digan aunque .sea una palabra en cas- tellano; y que en las juntas se tenga el cuidado de asignarles lugar distinguido a los que lo saben, o que sean preferidos en las graciatS y favores que pidan me_ <liando la prudencia. Las causas que lo hayan impedido hasta ahora, son la propensión natural a hablar con sus padres desde que nacen; el ningún pre- mio que les haya dispensado, y el descuido en esta parte. 9. Virtud dominante no se les encuentra, la caridad, generosidad, y compasión casi es igual en ambos sexos. 10. Hay muchos poseídos de supersticiones, y abusos especialmente los que viven en despoblados. Creen que la tierra, los cerros, las minas y las comidas tienen vida como ellos y también racionalidad y poder para dañarles o ha- cerles favor. El cebo que tiene la llama en el pecho, que la llaman unto es muy apreciable entre ellos; usan de él quemándolo junto con la coca cuando están para .salir a sus viajes, atribuyendo que hacen obsequio a la tierra, que llaman Pachamama, para que los conduzca con felicidad. En el camino llegando a la jornada hacen lo mismo, para que // aquella tierra o cerros les haga dormir bien, y guarde su ganado. Cuando vuelven de sus viajes sahuman con el humo de este cebo las comi- das que traen, como obsequiando, o agradándolas, creyendo que si no hacen ésto, se han de volver a los lugares de donde las trajeron, o no les ha de durar. Cuando hacen el festejo de un ganado, y lo hacen cohabitar, queman este cebo como para obsequiar aquellos cerros o tierra donde se apacenta en agradecimiento de que lo ha mantenido; y que si no les hacen este agrado, se enojarán, y sus ganados se consumirán, y lo mismo hacen en sus chacras cuando siembran sus semillas. Cuando deguellan una llama le ponen venda, creyendo que si al tiempo de expirar mira al demás ganado se ha de agotar: con la sangre lo rocean para que se aumente, y a los cerros para agradarlos. Cuando concluyen la fábrica de una casa, cuelgan en ella ollas nuevas, y co- midas creyendo que haciendo ésto ha de haber abundancia en ella. Echan a las paredes la sangre de la llama o torillo que matan en esta función, creyen- do que aquella casa se los ha de comer, y han de morir si no hacen ésto. Cuando ponen sus trampas para cazar las vicuñas y hacen sus comidas no han de rezar para hacer la caza, creyendo qµe el bruto se ha de perseguir como bruto. En otros lugares no hacen ésto; sino que arman las trampas y en el medio encienden fuego aquella noche, y si allí vienen unas maripo- sas pequeñas que ellos conocen, creen que han de hacer buena caza; y si no mudan las trampas a otros lugares. Cuando les acaece enfermar con dolor de costado, u otra descomposición de cuerpo, creen que algún cerro, o lugar donde durmieron o descansaron, les ha comido, o maltratado, el corazón; para curarse traen la tierra de aquel lugar, la comen, y con ella se hacen pasar el cuerpo frotando, y la vuelven al lugar de donde la levantaron. / / Cuando la cabalgadura les da golpe, o ellos tropezando caen de pronto se levantan un poco de tierra, y la tragan creyendo que la tierra se los come, y han de morir, y así ellos se adelantan a comérsela. Lo mismo creen cuando una criatura se cae, y le ponen a la boca aquella tierra. Cuando una criatura nace muerta, o muere sin bautismo no la entierran
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