Boletín de la Biblioteca Nacional N° 55-56

54 inclinan por la egoísta afirmación personal que les dieta el orgullo, la ambición o el temor. No basta la honestidad circunstancial. Es mcnester aquélla que se apoya en lo más profundo del espíritu. Por eso San Martín advierte "que la prosperidad de los pueblos está en razón de las verdades que conoce y no de las ideas que adquiere". No se trata de forjar ideologías. Tampoco se trata de provocar a la imagina– ción para que promueva las ideas. Sabe que la imaginación enloquecida puede pretender crear un mundo, para terminar sometiéndose a la materia. Se trata de conocer verdades, de someterse a la ley inscripta por el Creador en la naturaleza de las cosas, y de fortalecer la voluntad haciendo que siempre este· mas dispuestos para cumplir con el mandato, de que nuestro sí, sea sí, y que nuestro no, sea no. Para San Martín como para todo hombre de honor, no ca· bían términos medios. Podrán las ideologías revelarnos la prodigiosa inteligencia de algunos, capaces de combinar de diverso y variado modo las nociones más inesperadas, para edifi– car rápidamente, como hábiles acróbatas, novedades capaces de encandilar y con· fundir a los pueblos. Por eso, señala que: "en tiempos de agitación o de servidumbre, las desgra– cias nacen de la ignorancia de ciertas verdades", porque las gentes y más los dirigentes "confunden lo que es con lo que apetecen". Vano sería olvidar la ver· dad para edificar cualquier ciencia. Vano y peligroso es esa ignorancia; vano y peligroso ese olvido cuando se trata de la vida de los pueblos de lo que depende no sólo su abundancia material, sino también, de alguna manera, su destino trqscendente. Hecho para mandar, sabe que el mando es la actualización del orden. Mandar es ordenar; ordenar, es mandar. Relación jerárquica de muchos y diversos en vis– ta de un fin. Es la Patria la que debe subsistir, aun cuando cambien las circunstancias, los modos y los hábitos. Lo contrario sería el aniquilamiento. Por eso pretende que los gobiernos adopten "un sistema que permita a cada uno seguir el camino de la perfectibilidad" ... para que ... "las almas reciban, entonces, nuevo temple, nazcan las ciencias, disipen las preocupaciones ... propá· guense los principios que mantienen los derechos públicos y privados, triunfen las leyes y la tolerancia, y empufle el cetro la filosofía, principio de toda libertad", El orden social, por consiguiente, en el pensamiento sanmartiniano, es el orden espiritual. La orden o el mando, en el que la obediencia es asentimiento y no sometimiento. Sólo así hay sociedad. Por eso disciplinar es, enseñar. Así lo entendió San Martín, y así lo practicó desde el comienzo, conforme a la enseñanza recibida de sus mayores. "Los hombres que carecen de esas verdades, nos dice el 6 de julio de 1822, pueden muy bien vivir reunidos, pero sin conocer la extensión de los deberes y derechos que los ligan". Tal es su esquema. Por eso no confunde la libertad con el capricho que en la ignorancia del orden fundamental se transforme en rebeldía. Por eso toda su vida, es una permanente actitud de abnegación. Todo lo sub· ordina al bien de la Patria. No admite que éste pueda posponerse a ningún interés privado. Es la actitud en Guayaquil. Con la misma limpidez de miras, se aleja, silenciosamente, cuando el objetivo alcanzado, cuando luego de Maipú, el día de América según Bolívar, se logra des· pejar la costa peruana, y sólo falta dar remate a la obra cumplida.

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