Boletín de la Biblioteca Nacional N° 55-56

15 N~ 18, Calle de la Minería Lima, Agosto 8 de 1893 Señor Don Ambrosio Montt Mi amado Ambrosio: Enfermo con un fuerte resfrío, can sus puntas de GRIPE (1) y sus ribetes de INFLUENZA (1), que después de haberme tenido postrado por unos quince días obligome a pasar otros tantos en Chorrillos, para apresurar mi restablecimiento, recibí y descifré con el placer con que siempre lo hago tu carta de 24 de junio, que, por aquella raz6n, no te he correspondido antes, dán· dote las gracias por la remisión de aquellas vistas fiscales que, en cuaderno separado y en dos números de "El Ferrocarril", me enviaste, que son digna con· tinuación de las que ya conocía sobre las reclamaciones españolas y otras y que leí en mi retiro de Chorrillos con gran placer, pues la magia de tu estilo va hasta hacer fácil y amena la lectura de una vista fiscal. En eso sí reconoz· ca, no obstante mi pasión por lo viejo, que hemos ganado, pues no hay porqué un papel legal no esté escrito con estilo claro, elegante y pulido, en vez del pe· sado, indigesto y pedantezco que empleaban los mas ilustres jurisconsultos de los siglos XVI y XVII. Por este mismo correo te envío un librito, no para tí, severo sacerdote de Temis, sino para que, con mis respetuosos y amistosos saludos, lo pongas a los pies de tu mujer. Es una novelita, pecado de mas jóvenes años, que yacía sepultada en mi papelera por más de 15, de donde la exhumó mi con· discípulo Luis Faustino Zegers, para publicarla como folletín en la cuarta rea. parición de su "Tribuna" y de la que quiso obsequiarme una edición separada. Si en un rato de descanso le echas una ojeada, verás que no es nueva en mí la afición a las vejeces. ¿Te envié un retrato mío, hecho el día que cumplí 60 años? Mi propósito fue incluirlo en la que te escribí en 19 de abril, pero no sé si lo rea· licé. Dímelo. Mis hijas, que mucho te quieren sin conocerte, por lo que me oyen hablar de ti, y mi hijo, porque te conoce, retornan, así a tí como a Luz, sus amistosos recuerdos, y yo, uniéndome a ellos y enviando una afectuosa em. puñada al "perillán" (6), me repito tuyO affmo de todas veras y tiempos. l.A. DE LAVALLE. (l) Subrayado en el original (6) Apelativo afectuoso con que señalaba a uno de los hijos de Montt.

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