Boletín de la Biblioteca Nacional N° 55-56
8 culto que lo encuentre, pues no se encuentra lo que no existe. Como así como sin pretender a la infalibilidad ni al acierto perpetuo, jamás rehuyo la responsabilidad de mis actos, tampoco me gusta aceptar la de los que no he ejecutado, me he de– tenido en hablarte de esto, para que si necesario fuese, con conocimiento de cau– sa, restablezcas con tu autoridad los fueros de la verdad. Vaya concluir de llenar el pliego que te he dedicado y con el egoísmo de los desgraciados te he hablado solo de mí. Y tú, ¿qué haces? ¿Qué has escrito? ¿Qué escribes? ¿Eres Diputado siempre? ¿Ejerces la abogacía? Me ofreciste un ejemplar de un tomo de "Discursos" que preparabas, cuando vino la guerra y se cortaron nuestras comunicaciones. Mándamelo. ¿Y tu mujer? ¿Có– mo está? ¿Y tus hijitas? Las supongo ya unas señoritas y tan lindas como prome– tían. A una y otras mis afectuosos recuerdos. Saluda a tu suegra, a la que re. cuerdo siempre con afecto y respeto. A Su Excelencia (4) manifiéstale mi senti_ miento por sus benévolos recuerdos y ofrécele mis respetuosos saludos; y tú, ca– rísimo Ambrosio, recibe una cariñosa empuñada de tu amigo afectísimo. l.A. DE LAVALLE. Hotel del Ruble Chillán, á 31 de Diciembre de 1882 Señor Don Ambrosio Montt Santiago Mi querido Ambrosio: Antes de ayer recibí tu gratísima de 27 del que expira, y ayer •el amable saludo que tú y tu Luz me enviáis, con ocasión del año que, bajo tan malos auspicios y en tan tristes condiciones, comienza para mí mañana, año doblemente nefasto, pues no solo lo comienzo prisionero y desterrado y lejos de cuanto de más caro tengo en el mundo, sino que, en su curso, entraré en el úl. timo tercio de la vida, atravesando ta línea que separa la vejez de la virilidad, pues con la primera campanada con que anuncie el reloj las 5 de la mallana del 22 de Marzo, completaré 50 años de existencia sobre la tierra, esto es, 50 años de risas y de llantos, de ilusiones y de decepciones, de esperanzas y de desen_ gaños, de placeres y de dolores, de felicidades supremas y de inenarrables an– gustias, en los que he subido a cimas de felicidad que juzgara inaccesibles, pa. ra caer en abismos insondables de dolor. Esa ha sido mi existencia. Sin embar. go, no la hubiera deseado distinta, aunque sí menos sembrada de pesares, pues, así como ha sido, he vivido mucho y he sentido poderosamente la capacidad humana para gozar y la elasticidad del hombre para sufrir. Si menos experiencia tuviera, contestara a los votos que me enviáis como contesté a los que me expresaron mis Secretarios y Adjuntos en (1) Subrayado en el original. (4) El Presidente de Chile, don Domingo Santa María.
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