Boletín de la Biblioteca Nacional N° 53-54

6 unidas" según una información, y según otra: "representante de la sociedad de artesanos". "La Pr·nsa" -17 de r~oviembre de 1919- da la información más precisa H\'pecto a la interv.:nción de Alejandro Peralta: "dijo una bella y sentida oración fúnebre". Por ello suponemos que lo que leyó fue el poema elegíaco "Abraham Valdelomar, In memorian", publicado justamente en "La Prensa", seis días antes, aunque persiste nuestra duda. Este poema tiene un entrecortado y no sabemos si a propósito inconexo epígrafe o "dedicatoria". Nosotros hemos querido publicar esta composición pues estamos seguros de su valor.(*) Hemos querido finalmente acompaflar los discursos con otra nota publi– cada en "La Prensa" el martes 4 de noviembre de 1919 -edición de Ja tarde-: "Abraham Valdelomar ha muerto". Esta ha sido publicada alguna vez haciendo figurar a César Vallejo como autor. Su estilo, corno se verá es vallejíano, Por ello creemos que Vallejo sea el autor. En los trabajos que a continuación entregamos se destaca tanto la vwa, la persona, e] espíritu de Valdelomar, cuanto el fruto de ese espíritu, su obra. Se dice y se pondera su juventud, su inquietud, su sensibilidad, Se hace énfa,,is en su personalidad múltiple, compleja, brillante; en su vida de artista cabal; pero con igual inlen<.idad, en su obra literaria, polifacética, en que siendo un degustador de la belleza sabe alcanzarla cuando crea. LOS DISCURSOS El señor Dálmace Moner Tolmos habló en nombre de la asamblea nacional. Se expresó del siguiente modo: Sei1ores: La Asamblea Nacional, interpre– rando el sentimiento público se aso– cia a esta manifestación de duelo por la desaparición de un joven ciudada– no quién, por sus relevantes cualida– des, era una esperanza para la patria; y nos ha confiado, a mis compañero.s aquí presentes y a mí, el encargo de venir a rendir homenaje a los despojos ele Abraham Valdelomar, diputado re– gional por la provincia de lea, a quien lé, muerte ha sorprendido en el cum– plimiento de su misión. Al a.<;pirar Valdelomar a la represen– tación d; su provincia, no lo impulsó interés personal, sino el anhelo de po– ner en práctica sus grandes ideales, sirviéndole de sólida preparación la gi– ra que hizo por casi tocio el territorio de la república, estudiando las nece– sidades de los pueblos para tratar de satisfacerlas y dando, al mismo tiem– po, interesantes conferencias difundi·cn– clo su vasta ilustración y exaltancio, con su ardiente palabra, el patriotis– mo de sus oyentes. Porque Valdelomar, cefiores, además d:-: las virtudes que poseía y que otros se encargarán de ensalzar, mejor que yo, era un gran ratriota corno lo demostró, siendo aún casi un niño, enrolándose de los pri– m;cros en las filas del ejército que marchó al norte cuando el conflicto con el Ecuador. La desaparición de Abraham Val– clelomar es una pérdida para la nación y muy particularmente para el depar– tamento de lea del que era uno de sus hijos predilectos. Que el dolor de que todos participa– mos, sirva de lenitivo, .si es posible, al de los suyos y que el espíritu de Abra– h~'.m Valdelomar, repose ;on paz. (*) En 1968 fue publicado sin la dedicatoria :\' ba.io el título de ''el ladrón" en Poesía de entretiempo.

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