Boletín de la Biblioteca Nacional N° 53-54
14 qm: pidas a Dios nos dé cristiana re– signación para sobrellevar las triste– zas de este mismo presente de la vi– da lleno de inqui~tud y de amargura en que e] placer es sólo un espejismo 0el dolor. Ruega por nosotros. Por los que te amamos. Por aquéllos que no pudieron comprenderte y te arrojaron piedras. Ruega por todos. Y al separarme de ti, no quiero de- eirte ¡adiós!. Ante la eternidad nues– tra vida es apenas un relámpago. So– mos como hijos de un mismo seno. Tú apresuraste el camino para llegar más pronto al hogar donde tenemos que reunirnos. Y por eso al verte partir te digo con una infinita tristeza pero también con una infinita esperanza: Hasta luego, hermano. El señor Roberto Montoya, expresando el sentimiento de la juventud estudiosa de lea. dijo: Señores: Traigo ante estos despojos querido-; el homenaje de una juventud que amó al poeta, comprendió al artista y tuvo fe en el patriota; porque entre Valde– lomar y ella, mediaba esa vinculación que sólo produce la tierra en donde <;e nace, el cielo bajo cuya poesía tras– curre la infancia y el paisaje encanta– do que serena las primeras inquietu– des del alma. Hay en el Perú un pueblo modesto, que no sobre.sale ni por la actividad de sus industrias, ni por la riqueza de su comercio; pero que ha dado a la tribuna parlamentaria sus más elo– cuentes oradores; al periodismo sus propagandistas más eficaces y a la ciencia .sus más esforzados investiga– dores. Fue allí, en ese pueblo, en don– de nació Valdelomar. Los campos pró– digos bajo la caricia fecunda del sol; el mar con su horizonte inmenso; los crepúseulos lánguidos a la hora au– guEta del atardecer, fueron las prime– ras impresiones que recibió su alma delicada de artista. No era un niño cuando Abraham Val– delomar vino a Lima. Como todo joven provinciano que tiene inspiración y ta– lento, sccluciclo por el prestigio de la capital, quiso enriquecer su cultura y saturar su espíritu con nuevas y más ricas impresiones. Lima le brindó lo \¡nico que podría brindarle: la técnica del ar"tc. Poco tiempo después, triunfa– ba en las revistas como dibujante y ca– ricaturista. Más tarde publicó sus pri– n~eros artículos, sus poesías, novelas y leyendas y dijo sus primeras conferen– cias. En :1 curso de pocos años, Val– dclomar se impuso en Lima. Su vicia de triunfo la conocemos todos. La acti_ viclad incansable de su ánimo le llevó de la redacción de los periódicos al claustro universitario, de éste a la ar– dorosa propaganda política, de la que pasó bien pronto a los halagos de la popularidad. En la cumbre del poder brilló fugazmente. Apenas estuvo po– cos meses con un cargo diplomático en Italia, país de la inspiración y del ar– te, cuya cultura influyó decisivamente en su espíritu. Después conoció Jai:; amarguras del presidio político. Señores: En el curso de su vida ac– cidentada pudo el artista olvidar a su tierra natal, y no la olvidó sin embar– go. Me atrevería a afirmar que sus le– yendas más hermosas, son aquellas en qu:c habla del pueblo provinciano en <:¡ue vio la luz primera; de la campiña floreciente en donde alternó, en su ni– ñez, con los labriegos sencillos; de las cer( monias religiosas tan ingenuas y poéticas y en fin, de toda aquella vicia campestre en la que había escuchado el rumor de la floresta como un aldea– '~º y había recogido el cántico el~ las ave,<; como un poeta. Agotado por el trabajo cada vez más
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