Boletín de la Biblioteca Nacional N° 53-54
el tuyo, donde todas las vibraciones naturales sufren un pulido repaso y reciben como un dulce enjoyamiento, me encarga que, a nombre de su ju– ventud, te d';.spida. Y lo hago en la certidumbre de que ya estás, sereno y feliz, en la escala última de la ilusión, libertado de :esta divina y triste escla– vitud de ser inquieto, de esta impreci– sió:1 angustiosa que no sabemos si es nostalgia de una alegría que te huyó ékUS!ada al mirar la profunda tristeza del espíritu, o la semilla eterna de una 13 esperanza que no quiere brotar, y que se concreta en ese verso maravilloso que repetíamos, en la nocturna placi– dez de la.s calles, cuando, juntos, íba– mos camino de nuestros hogares, ven– cidos de no batallar y victoriosos de sentirno.s vencidos, pero cargando, en silencio, el fardo azul de nuestras plás– ticas quimeras, que agonizan en los crepú.sculos y retoñan en las auroras: ¡Y no saber adónde vamos ni de dónde venimos! Adiós, Abraham! El señor Fabio Camacho leyó el siguiente discurso en nombre del grupo íntimo de amigos de Valdelomar: Tu alma en un gran vuelo se ha marchado para siempre, rumbo hacia Ja eterna belleza y la suprema armo– nía. Y los que en vida te amamos por– que te comprendimos, transidos de do– lor interrogamos al misterio de la le– janía impasible con un grito de an– gustia que sube del corazón pero que se ahoga en la garganta; miserable existencia humana a la que una ley in[] :cxible condena a extinguirse. Viaje– ros en la vida sabemos que tenemos c;ue pasar y sin embargo cuando uno de los nuestros, uno de los que ama– mc'>'' se va, nos parece que una enor– me injusticia es la que nos hiere, que se ha roto el equilibrio de los mundos por .1 capricho de una fuerza ciega que se empeña en hacernos sufrir. Y 110 nos acostumbramo..s al dolor de tu partida. Sabernos que en esa caja es– tá la materia que alentaba tu alma, que allí está tu cerebro que encerraba tin mundo de belleza y tu corazón que encerraba un mundo de bondad y sin embargo una voz engañosa nos dice que nada es cierto y como sacudidos por tffa horrorosa pesadilla, queremos gritar a la realidad: despierta. Tus amigos, tus hermanos del alma entre los cuales me contaba yo, me han dado el encargo de decirte el úL timo adiós. Ninguna misión ha sido para mí más dolorosa. Sé que ha llegado el instan– te de la separación definitiva, que ca– da momento de estos qu'.c paso a tu la– do, aumenta mi agonía, pero no quL .siera separarme, así corno el hermano que ve al hermano partir a remotas tierras y se arroja sollozando entr; sus brazos. Nada sabemos de lo que hay en ese sueño sin ensueños que tú duermes; nada sabemos de ese mar sin límites que ya atravesaste. Pero si hasta allí llega la voz de los que pronto Jlegare– mo.s. ¡Cómo te conmoverá el dolor que sin querer nos has dado!. Tu alrna de– be mirarnos desde la eternidad con una tristeza infinita porque no le es da– do traernos ni un poco del consuelo que necesitamos. Abraham hermano: Dios debe ha– berte puesto al lado donde están sus elegidos. Fuiste uno de ellos en la tierra y como tu alma estuvo llena de amor y de bondad tienes que serlo en el cielo, si es que hay un cielo que quiero creer que existe porque lo ne– cesito para mi madre, para ti, para los que amé y se han ido, En donde estás ya no necesitas de nosotros, pobre,s peregrinos extravia– dos. Tú lo sabes todo, ya lo tienes to– dó. Pero nosoftós s] necesitam6s 'de ti
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