Boletín de la Biblioteca Nacional N° 53-54

tar, reflejar, como la armonía sin rit– mo del sentimiento, la personalidad del hombre frente a la magnífica am_ plitud del artista.- Quiero, en este instante, en que los hermanos del Poe– ta sueüan su San André.5 romántico, eglógico y cantarino, con los pm º'' v la cochura hirviente i1cn1_, Ll! c11 c:u~ los can1~1r~:c.L_~._,, de buLc~ ~ ~) 101·_ jan sobre la nod1e p. o; L!i' da 1L1 tura elegante; en que lo'; e.o, los de la Universidad rc,ucüan lo.:, en– tusiasmos viriles v las 1 .belci lo– cas; en que los hurnbres madi:: e-: \ grave.,_ descubren en la piº'" e' ¡, J avilla de] historiador los hechos lic– roicos de los próceres ilustres; en es– ta hora tan definitiva, quiero contar como, para los compaüeros fraterno,, de LA PRENSA, Valdelomar fue, tan_ to como el poeta y el periodista el espíritu superior que vibraba con el inteligente, amparaba al necesitado, re– verenciaba a la mujer, castigaba al canalla y amaba luminosamente al ni– üo.- Digan otros que el cronista de_ minó todas la.0- gracias de la palab Li y todas las sutilezas de la id:a; que e] político joven clamó su pasión fer– vorosa por la patria; que el drama– turgo extraüo portó a la escena una estética desconocida y ,,:orprendente; que el novelista inquieto desgarró el alma de sus lectores cuando desgarra– ba la vida; que el historiador con ner– vio de poeta, levantó sin esfuerzo, de– votamente, el pasado, como si miran– do atrás pudiéramos consolarnos de mirar en derredor. Digan otros que el admirable bohemio con escarpines y monóculo pintó retratos deslum– brantes, trazó caricaturas geniales, compuso versos supremos, escribí() crónicac" y cuentos asombrosos; que tue proteico, maciso, exquisito, lúgu– bre y jubiloso. Que amó el amor, cuL 11 tivó el estudio, se ahondó en la duda, inquirió a la esfinge, investigó en el delirio, se hermanó con el árbol y con el fuego, con el buey y con el campo, co:i su cuarto y con la muerte. Yo que alzo mi voz en representación de sus camaradas más íntimos, me <'tribuyo el derecho de proclamar tan– to como la admiración por el artista grande y complejo, mi devoción por el hombre que sentía, como sólo sien– ,en los elegidos, el bendito gozo inex– ¡J! ic=cble ele hacer d bien, de repartir !a áádiva, de cantar la caridad. El cuarto de V:ildelomar lo :,abía y lo silbemos nosolros. Parn LA PREN- 2·A, Valdelom:1r, Jo mismo que un gr<tn cerebro, fue un gran corazón. Si por -u'; ar! (culo,; couía fragante la be– lleza, por sus actitudes de toda<• las horas coriía desatada, comw1icativa y co'1tag:iosa, la divina, la imponderable, d:c~a bond:1cl. Era bueno ci.wndo e e•-; bía, cuando departía, cuando su– frb, cuando lloraba. Era bueno con :,,_ bcnC::tcl sin_ remedio de los que van L -:·• .. ho a b tristc1.<l y la muerte. Las dos asomaron pronto. La triste– za brotó cuando el niño dibujaba ca– piro1es. Se metió en el alma con la j' que d:ct::n Jos af 'CtOS fa- •:s y lc_ianos, la mesa dc:l hog<-F C[Lce p'crde un comensal, y el 0auce d_i:.:~c·,,o:-o q11c L.:11gutdccc y se curva. ·La oLta,. Ia ·::.1c1aga, la qu~ no~.; .::x!orsio:-:a siempre a solas y parece llarmn-nos por todas Tas ventzmas, la otea vino cuando el artista propagaba el credo de su patria. Abraham Valdelomar: si somos algo más que materia, y ese viaje postre– ro no concluye con cuanto sornes., si me escuchas_ por mi y por mis com– paüeros, bendita co::i lágrimas, el agua milagrosa de los tristes, sea tu memo– ria y benditas tu obra y tu vida.

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