Boletín de la Biblioteca Nacional N° 53-54

8 El destino no ha querido que nues– tro amigo nos obsequiara con ese fruto maduro de su ingenio; pero Abraham Valdelomar deja en su cor– to y azaroso viaje por la vida una huella profunda ante la cual se incli– nan, doloridas, la provincia de lea, que J/-' vió nacer, y la de Pisco que brindó a la nifiez del Conde de Lemos esas rlayas que con tanto cariño recordará más tarde. Y para nosotros, los que fuimos sus amigos } compañeros en letras, en ar– te o en política, los que vimo.s d"-' cerca la profundidad de su alma ori– ginal, cada vez que escuchemos la clarinada estridente y retadora de al– gún "Caballero Carmelo" sentir~mos al :tear el espíritu, inquieto, sutil y mo– vedizo del artista insigne, a quien la ceguera del destino hizo enmudecer en hora muy temprana, como a André Chenier, como a Leonidas Yerovi. El señor Osear Miró Quesada, en representación del periodismo pronunció el s1 guient,;;~ discurso: El negro velo de la muerte ha os-– curecido las pupilas del artista y los ojos que sólo buscaron en el mundo la belleza espectacular, con los pár– pado.s inmóviles sobre los iris, ya no ven. La sutil inteligencia de su cere– bro, la delicada emotividad de su sen– rnrio, se han sumergido en el miste– rioso mar de la nada. El destino hos– tiliza a lo.s selectos: los poetas lloran las angustias de la humanidad y los corazones que se conmueven a menu-– do pronto cesan de latir. Y tú fuiste, ¡oh delicado literato!, un espíritu dilecto que amaste la be– Jlcza, logrando reflejarla en tus obra&, en tus escritos, de estilo puro. de :rensamiento original, de ritmo eurít– mico, sonido melódico y palabra ero. mática. Orfebre de la frase, tu pluma fue un buril; alma retiniana, tu verbo fue un pincel. Formas, músicas y mati– cc.s brotaron de tu espíritu, espejo sen– sible idealizador de realidades. Amaste la belleza quisiste que no fue– ra un espectáculo fugaz y fragmenta– rio, sino trasunto de tu vida, atmósfe– ra habitual de tu yo, que la percibía v la buscaba sobre todas las cosas, y por eso la Bohemia tejió una corona de flores cxtrafias para tus sienes pá– lidas de sofiador displicente. Fuiste inquieto v te atrajo el diarismo, por- que el periódico es la inquietud cuo- 1 idíana hecha frase escrita. Nosotros los p-:riodistas de Lima, hemos veni– do a tu postrer morada, para llorar tu muerte, con lágrimas del corazón. ¡La muerte! ¿Quién podrá saber? ¿La tumba es fin de la vida? ¿Se aniqui– la el alma? La evolución de la materia con su ritmo involutivo de desinte– gración: ¿:s un principio demostra– do? ¿es un error substancial? La pe– rc:nniclad de la energía con la conti– nua transmutación de las formas: ¿es acierto de sabios? ¿Es hipótesis de 1 ocos' Y lo que hubo en tí de admi– rable, lo qu::: era la esencia de tu pcr:;onalidacl de literato y de poeta, e ;e :;opio cálido como la llama y cla– rD como la luz, tu inteligencia sensi– ble ¿pasó en vano por la tierra? ¿fue el fantasma efím-~ro de la química ce– rebral? ¡Quién podrá saber! Acaso en e.sta mafiana veraniega, en c:;te cementerio que el día alegra a p ;car de las tumbas; cerca de estos cipreses largos que parecen solloz06 de la flora, tu ser inmaterial, tu esen– cia intangible, lo que en vida t:~ hizo amar lo bello, contempla sin ojos por pro[unda intuición anímica, la belleza absoluta del in.stante y no compren– cle nuestra pesadumbre y no comparte nuestros lloros, nuestras lágrimas, por-

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