Boletín de la Biblioteca Nacional N° 49-50

13 :\fo ir. de aquí al mes de diciembre. a Acapulco, y de ahí a Méjico, pL!ra en el mes de mayo de 1303 a La Habana. Es de ahí don- de ,'-Í!l pérdichi de tiempo me embarcaré para Ebpafia. He abandonado, co1no Ud. ve. la idea de volver por lac; Filipinas. Hubiera hecho una inmensa travesía por nwt· ,,¡n ver otra cosa que J\Janila y Capiz; o si hubiera {1ucrido hacer una gira por las India:•; habría estado privado de lus facilidades necesarias para este v·iajc, que era in:1po;.;ible procurarme aquí. Ilcmo:; len ido eua reHta a cincuenta cocodrilos nuevos, sobre la respiración de los cuale,c; he hecho experiencias muy curiosas. J\ilientras que otros animales disminuyen el volu.men del aire en el cual viven, el cocodrilo lo aumenta. Un l'.Oeodrílo pue:,!o en mil ¡rnríes de aire atn1oo;férico, que contíenen doscientas seten– ta y cuatro de gas oxígeno, quince de áciclo carbónico y setecientas once de azoe. awnenta en una hora euarcula y tres minutos esta masa en ciento veinticuatro partes; y esa" mil cíen lo veinticuatro partes contienen entonces (como lo he visto por un análisis exacto) 106,3 de oxígeno. 79 de áciclo carbónico y 9:JS,2 de gas úzoe. mezclado con otras substancias gaseosas desconocidas. El cocodrilo produce por consignien le, en una hora tres cuartos, 6 1 :t partes de ácido earbóni1:0; absorbe 167.2 de oxígeno: pero corno 4·6 parle.s se hallan en 64 partes de ácido (:arbónico, iw apropia más que 121 partes de oxígeno; lo que e.'i muy poco, en vista del color de :'U sangre. Produce 227 partes de ázoe u otras substancias gaseosas. sobre las cuales las bases acídifícahles no ejercen aceión. Jfo lwdw en la ciudad de IVlunpox con agua de cal y gas nitroso preparado muy cuidadosamente. El cocodrilo es tan sensible el gas ácido carbónico y a sus propias exhalaciones, que muere cuando lo ponen e11 el aire corrom~iído por uno de sus compaficros. No obstante puede vi Y ir dos a tres horas c;[n recopírar a!y;ulutamenle. He hecho estas experiencias eon eocodrilos de siete a ocho pulgadas de largo. A pesar de e,;[a pequefiez, son capaces de cortar el dedo (con sus J[entcc' y ticucn el arrojo de atacar un perro. Estas experiencia..; son muy difícil!',; de y exigen mucha eircunspeeción. Llevamos descripcio– ne' detallada,, del caimán o ('Ocodrilo de la América meridional; pt'l'O !as de aquel del Egipto que se teníun a mi partida de Europa 110 es– lando igualmenle cxpue:-,la~ eon todos .sus pormenores y circunstancias, no me atn,1,0 a tleeídir si es la rni.sma espeeie. Ahora, ciertamente, el Instituto de Egip– to hab1·á hecho que :'e disipe toda duda a este respc('lO. Lo que hay de cierto, es <1ue tres direrenles e~pecies de cocodrilos bajo los trópicos del nuevo conti– nente, ; que el pueblo distingue en ellos bajo el nombre de bava, caimán y eo– eodrílo. Ningún nal.uralista ha distinguido todavía suficientemente estas especies y. ,,;in embargo, e::;tos monstruos son los verdaderos peces de eslos dimas, ya (como en la Nueva Barcelona) de tan buen natural que uno se bafia a su vista, ya (como P!l la NueYa Guayana) tan perverso y cruel que, en el tiempo que es– tuvimos en ella. devoraron un indio en medio de la calle, en el muelle. En Ora– tuer.L henws vic;to una nifia india de dieciocho afios, que un cocodrilo tenía agarrada del brazo:. ella tuvo la intrepidez de buscar eon la otra mano su cuchillo en su bolsillo, y darle Uuilos euehilfazos en los ojos del n10nstruo, que la soltó cortándole el brazo cerca del hombro. La preseneia de espíritu de esta niña fue tan asornbro~a como la habilidad de los indios para curar felizmente una herida tan pcligrm;a; uno habría dicho que el brazo había sido amputado y tra– tado en París. CP1Ta de Sani:i Fe se haHa en el Campo de Gigante, a 1,370 toesas de altura, una inmensidad de huesos fósile.~ de elefantes, tanto de la especie de Africa, como de lo:' can!Ívoros que han descubierto en el Ohío. Hemos hecho excavar en éL y hemo3 cm iado ejemplare:; de Pilos :d Instituto Nacional. Du(\o

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