Boletín de la Biblioteca Nacional N° 41-42

La Juventud de Ramón Castilla (1797 - 1822) por FELIX DENEGRI LUNA La historia del Gran Mariscal Don Ramón Castilla es "toda la Historia Contemporánea del Perú. Escribirla sería pretensión muy superior a nuestras fuerzas ... " ( 1 ), así se expresaba Don Mariano Felipe Paz Soldán, ilustre histo– riador de nuestro siglo XIX, al iniciar un artículo biográfico sobre el Gran Ma– riscal tarapaqueño, a quien había conocido personalmente. Si persona de tantos títulos como Paz Soldán encontraba tarea superior a sus fuerzas el intentar la biografía del Gran Mariscal, tarea cuanto más difícil para mí, desprovisto de su capacidad y a quien solo la honrosa designación de la Academia Nacional de la Historia me hace participar con este discurso de orden en el acto que inicia las actividades destinadas a conmemorar el primer cente– nario de la muerte de aquel que con sus insignes hechos hizo la Historia del Perú por más de treinta años. Por eso, deliberadamente vamos a limitarnos a precisar ciertos aspectos poco conocidos de las mocedades del prócer, particularmente en lo referente a su actuación en las filas del ejército realista y su famoso viaje en el que atravesó el Continente Suramericano, pues la buena suerte ha puesto a nuestro alcance documentos que complementan los ya conocidos y hacen posible fijar con más precisión aspectos interesantes para la biografía del prócer. Podrá parecer su– perflúo que nos ocupemos en la revisión de ciertos hechos saltantes de la juven– tud de Castilla, mas no lo creemos así, pues hace muchos años que se vienen repitiendo errores, y debemos recordar, que esa época de su vida es la que forjó su personalidad, sin lugar a dudas, la que más honda y permanentemente influyó en nuestra Historia Republicana del siglo XIX. Castilla, como todo hombre prominente en la Historia, fue un representati– vo de su tiempo, y en su caso concreto él más representativo del Perú de sus días, y es por eso que se hace indispensable una disgreción previa, para poder pre– sentar, aunque sea muy parcialmente, el proceso en el que los criollos son gana– dos por la revolución de la Independencia, proceso de larga gestación y muy com– plejo, pues sus raíces más remotas pueden encontrarse en los días de la Conquis– ta, pues ya en ese entonces se puede, como con tanta sagacidad lo ha hecho José Durand, trazar la transformación del conquistador, que será tan acelerada, que el Virrey Conde Nieva, podía informar al Rey, que los hijos de los conquistadores se sentían más ligados al Perú que a España. En el siglo XVIII la decadencia y desprestigio del Imperio Hispánico son hechos obvios para los europeos y, también, para los mejores hombres de Espa– ña, y es por eso, que no es una casualidad que los primeros criollos que tomaron conciencia de la necesidad de la revolución por la Independencia, fuesen aque-

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