Boletín de la Biblioteca Nacional N° 41-42
6 Y si se fuera a buscar en Castilla otro significado más, habría que insistir en su tremenda vitalidad. La luz de su personalidad no irradia promisoramente para luego opacarse, como suele ocurrir entre nosotros. Ilumina tardía pero in– declinable, mejorando con el tiempo como los vinos nobles. Siempre estuvo "en forma", siempre tuvo "viada" para hablar con una expresión criolla. No extraña, por eso, leer en la biografía que Vicuña Mackenna escribió acerca de Manuel Par– do, las siguientes palabras: "Admiraba (Pardo) la entereza y la fibra militar de Castilla cuya muerte en Chilivique, casi sobre el lomo del caballo del Capitán General convertido en montonero, le parecía digna de la pluma de Garcilaso de la Vega." ¿Llegará un día en que el nombre de Castilla sea algo más que un adorno del folk-lore criollo? ¿Llegará un día en que reciba un homenaje que no se:i sólo el de la corona de flores puesta cada 27 de noviembre por los tarapaqueños en su estatua? * Reproducido, con autorización del autor, de "La Prensa'', octubre 25 de 1940.
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