Boletín de la Biblioteca Nacional N° 41-42

25 Se sostiene, tradicionalmente, que fueron catorce los movimientos subver– sivos que se organizaron contra la autoridad de Gamarra. Al levantamiento de Escobedo en el Cuzco, ocurrido en Agosto de 1830, que terminó en el más rotun– do fracaso y con el apresamiento del cabecilla, se suma la conspiración atribuída al General Antonio Gutiérrez de la Fuente, Vice-Presidente encargado de la pre– sidencia, en tanto que Gamarra se encontraba en el Sur, que culminó con el asalto a su casa por un destacamento del Batallón Zepita, dirigido por el General Eléspuru, la noche del 16 de Abril de 1831. El año 1832 fue pródigo en conspiraciones y presuntos atentados contra el gobierno. Así, en Enero de 1832, fueron apresados el Coronel Ramón Castilla y el diputado José Félix Iguain, acusados de conspirar contra el gobierno. Ambos ha– bían manifestado su disconformidad por el incumplimiento, por parte del gobier– no, de la aplicación de la Ley de la Reforma Militar. Aquél contrariando el sen– tido de esta ley, mantenía en altos cargos militares a muchos de los capitulados en Ayacucho, con evidente postergación de los que entonces habían combatido en favor de la causa de la patria. Castilla fue extraído violentamente de su domici– lio y conducido al Real Felipe donde se le puso bajo la custodia del Coronel Eche– nique. Se le trasladó, dentro del mismo recinto, al fuerte El Sol que custodiaba el Coronel Rivera, quien dispensó especiales consideraciones al reo, según su biógra– fo Fuentes. Se le condujo posteriormente a la corbeta Libertad, que comanda– ba el Contralmirante Carlos García del Postigo. Refiere Castilla en un Manifiesto justificativo de sus actos que publicó más tarde, que encontrándose en su confinamiento se le presentó a las dos de la tarde del 18 de Marzo el Subteniente del Estado Mayor Nacional, Manuel Aldea, vesti– do de civil en compañía del Teniente Dueñas del Batallón Callao y de "dos pai– sanos" más, quien al momento de despedirse se le acercó y le dijo en presencia del Coronel Egúsquiza : "esta noche se da el golpe, esta noche se hace'', refiere el mismo Castilla, que él respondió: "Vaya U. y diga a Gamarra y á sus viles esclavos, que no me conducirán al patíbulo con la facilidad con que me han con– ducido a estos calabozos que son hombres muy mezquinos para injuriarme" y que la noticia le causó una sorpresa desagradable y la consideró una "injuria atroz", porque él, ni como ciudadano, ni como Coronel jamás había autorizado a persona alguna para que contara con él para desórdenes. Dice más adelante : "no puede atribuirse a otra cosa este atrevimiento, que a algún enemigo mío ha querido tenderme esta red para acriminarme y hacerme delincuente" (l). El aviso de Aldea puso a Castilla en una situación conflictiva. Si callaba lo que sabía caía en el supuesto ardid tramado por el gobierno para comprome– ter aun más su situación; si lo delataba comprometía a varias personas cuyo final era imprevisible. Relata Manuel Atanacio Fuentes en uno de los pasajes de la biografía que le dedica, que Castilla decidido a adoptar una aptitud defi– nitiva se acercó en demanda de consejo a Postigo, quien le respondió: "que los caballeros no consultaban estas cosas". Sea cierta o no esta aseveración, Castilla resolvió, finalmente, denunciar la conspiración en una nota que dirigió al fiscal que le seguía la causa, encareciéndole, al mismo tiempo, se le hiciera saber la razón de su detención, que ya llevaba el término de setenta y siete días. La delación de Castilla dio lugar al descubrimiento de la conspiración en– cabezada por el capitán cuzqueño Felipe Rossel, uno de los más leales y estima- ( 1) Manifiesto del Crnel. Ramón Castilla, etc. p. 8.

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