Boletín de la Biblioteca Nacional N° 41-42

Castilla y la Conspiración del Capitán Felipe Rossel por RAUL RIVERA SERNA Un ambiente de tensa agitación política interna e internacional caracte– riza al primer período presidencial del Mariscal don Agustín Gamarra, compren– dido entre los años de 1829 y 1833. En cuanto a lo primero, se registran en ese período más de catorce movimientos subversivos, contándose entre éstos, conspi– raciones y rebeliones que pusieron en peligro la estabilidad de su régimen cons– titucional. Muchos de ellos tuvieron sus raíces en la transgresión de preceptos constitucionales por su gobierno o en la ambición de algunos políticos y militares que pretendieron alcanzar el poder con el uso de la fuerza. En cuanto a lo segundo, el país vivió cuatro años de intensa agitación en sus relaciones con la república de Bolivia, gobernada por el Mariscal don Andrés de Santa Cruz y cuyo antecedente lo encontramos en los meses precedentes a la asunción de Gamarra al poder cuando aquel pretendió anexar a su país los de– partamentos de Cuzco, Puno y Arequipa, para lo que contó con la ayuda de al– gunos políticos y militares peruanos, intento que fue frustrado con la contrarevo– lución promovida por los coroneles Castilla, Amat y León y el Comandante Juan Cárdenas en la ciudad de Arequipa en Agosto de 1829. Este hecho no puso tér– mino, sin embargo, a los propósitos federalistas del Presidente Alto-peruano, quien guiado sobre todo por su odio personal hacia Gamarra continuó en su política retadora, subordinando a este sentimiento otros problemas pendientes de solu– ción, tales aomo los relatavos a los límites entre ambos países y a la deuda que tenía pendiente el gobierno de Bolivia al del Perú por la ayuda prestada en favor de su independencia. El gobierno del Perú con el sano propósito de poner término a sus diferen– cias con la república del altiplano acreditó ante el gobierno de ésta tres sucesivas misiones diplomáticas. Las confiadas a Mariano Alejo Alvarez y Manuel Ferrey– ros no tuvieron éxito, porque ambas negociaron en un ambiente tenso en que alter– naron mútuos ataques y acusaciones y sólo pudo cumplir su cometido la que fue confiada a don Pedro Antonio de La Torre, quien logró suscribir con el Ministro boliviano Miguel María Aguirre los tratados de Paz, Amistad y Comercio en la ciudad de Arequipa en Noviembre de 1831. Pero, el gobierno de Santa Cruz, no renunció a su política interventora en el Perú, en tanto se realizaban las nego– ciaciones diplomáticas aludidas y perturbó la estabilidad política del país alen– tando y estimulando indirectamente algunos movimientos subversivos, como nos lo prueban la revolución de Escobedo en Cuzco y la sublevación de los tripulantes de las naves de guerra peruanas bergantín "Congreso" y corbeta "Libertad" en la costa Sur.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx