Boletín de la Biblioteca Nacional N° 41-42

14 cial realista de su ejército ( 5~), hacía esta recomendación con perfecto conoci– miento de que las tropas de caballería eran las más costosas por soldado, no sólo por el valor de los caballos y el de sus arreos, más el mantenimiento de los mis– mos, sino también por ser los soldados y oficiales de caballería los mejor paga– dos del Ejército Real, como se puede ver en los presupuestos preparados para las fuerzas militares del Ejército Real de Arequipa ( 5 4 ), pero la larga costa de Arequipa, que al Sur se iniciaba en el río Loa, hacía indispensable tener tropa con la mejor movilidad disponible en esa época. Al mismo tiempo, en una junta de guerra celebrada el 16 de agosto de Arequipa, se acordaba reservar los soldados europeos de caballería, más costosos que los nativos, para dar una buena base para la creación del nuevo escuadrón de Dragones de La Unión ( 55). En el estado de fuerza del Ejército de Reserva de la Costa Sur de Are– quipa, fechado en esa ciudad el 17 de agosto de 1818, figuran componiendo sus efectivos de caballería las siguientes unidades : Dragones de La Unión, Grana– deros de San Carlos y Cazadores de Arequipa ( 56). Dragones de La Unión era el cuerpo más apreciado, entre otros motivos, porque más de la cuarta parte de los efectivos de su tropa estaba formada por soldados europeos ( 57). En Lima, a mediados de 1818, existían elementos del Escuadrón Dragones de Arequipa o Dragones de La Unión de Arequipa, pues hay que recordar que la subdelegación de La Unión formaba parte de la Intendencia de Arequipa. Este personal debía ser muy reducido pues no aparece figurando en los "estados de fuerza" de la guarnición limeña, pero que existían es evidente, ya que el Virrey Pezuela ansioso de dar las bases para formar debidamente nuevas unidades del Cuerpo de Reserva de Arequipa, decidió devolver a esa ciudad oficiales del Bata– llón de Granaderos de Arequipa, "un oficial con un sargento, un cabo y dieciseis artilleros", más un escuadrón en cuadro o incompleto de Dragones de Arequipa, todos los que debían viajar por mar a donde estaban destinados.(58). Aunque dicho personal militar más otros materiales de guerra debieron haber salido de El Callao a fines de octubre de 1818, el convoy que debía condu– cirlos sólo zarpó de dicho puerto el 28 o 29 de noviembre de 1818 (59), no pudien– do precisarse si desembarcaron en Mollendo o Arica (60). Desembarco que debió tener lugar en la primera quincena de diciembre. Hecha esta sumaria relación de hechos, todos debidamente decumentados, debemos colegir que el Virrey Pezuela hizo dar de alta al cadete Castilla el 19 de octubre de 1818 en el escuadrón que en Lima se nombraba Dragones de Arequipa, unidad que en pocos días más debía dirigirse a la ciudad del Misti para servir de base a la formación, ya ordenada, del 29 Escuadrón de Dragones de La Unión. También, quizá, el Virrey pudo pensar que así premiaba la constancia de Castilla, pues lo nombraba a un cuerpo que iba a acantonarse en la Intendencia de Are– quipa, donde había nacido y donde residía su familia. Es de suponer que, siendo a comienzos de octubre de 1818 los dragones are– quipeños un puñado de hombres, estos no tuviesen un cuartel propio y estuvie– sen alojados en el de los Dragones del Perú, repetimos el mejor cuerpo de caba– llería del Perú de esos días, o que por esa circunstancia se enviase al cuartel de los Dragones del Perú al cadete Castilla a perfeccionar sus conocimienfos para prepararse a ser oficial de caballería, en la misma forma que el coronel de in– fantería Juan Antonio Monet, había hecho del cuerpo de su mando, el Regimien– to de Infantería 59 de Línea, Real Infante Don Carlos, una verdadera acade– mia de cadetes de esta arma, convirtiendo su cuartel en una escuela de oficiales de infantería (61). Lo anteriormente expuesto se refuerza, recordando lo que dice para esa época Andrés García Camba en sus Memorias (62), testimonio de singular impor-

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