Boletín de la Biblioteca Nacional N° 41-42
12 "también de ella los extranjeros y no hay español realista que haya suplicado a "S.M., que no haya salido consolado de su presencia y experimentado los efectos "de la generosidad" (27). Esta declaración nos lleva a suponer que el Rey Fidelí– simo de Portugal, Don Juan IV, casado con una Infanta española, la famosa Car– lota Joaquina, debió haber concedido audiencia al Comandante Cacho y al cadete Castilla. Hace unos años, nuestra buena suerte nos llevó a conseguir una referen– cia de un artículo publicado por el Teniente Coronel Cacho en una revista es– pañola que tuvo el curioso nombre de Almacén de Frutos Literarios y publicada en 1819. Dicho artículo era un verdadero y detallado diario del famoso viaje y sólo tenía el inconveniente de cubrir los 40 primeros días de la travesía, no obs– tante es el único documento que precisa la fecha de la partida y, en consecuen– cia, la duración del peregrinaje, lo cual había sido desconocido. Otros in– vestigadores peruanos, el P. Rubén Vargas Ugarte y Raúl Rivera Serna ya habían ubicado y publicado un expediente seguido por Castilla a su llegada a Lima, en el que se da preciosa información del viaje en su parte final. A esto debe agre– garse el testimonio del Deán Valdivia, todo lo que nos permite hoy deslindar aspectos desconocidos de tan importante acontecimiento de la juventud de Cas– tilla, y así poder ofrecer datos que no fueron publicados por ninguno de sus bió– grafos. La permanencia del comandante Cacho y del cadete Castilla en Río, no debió ser larga; hemos apuntado que Castilla debió haber arribado a Río a fines de octubre o principios de noviembre de 1817. Ambos hombres salieron de esa capital rumbo a la lejana Lima el 14 de diciembre del mismo año (~S). El camino era duro y por regiones poco civilizadas pero no inexploradas, pues desde el si– glo XVI la atracción de Potosí se había dejado sentir sobre el Brasil, llegando a producirse incursiones de los portugueses, unas pacíficas y otras militares, si– guiendo esas o similares rutas (29). El mismo Cacho se queja de haber sido mal in– formado por un sacerdote español que había hecho ese derrotero ( 30). Cacho nos dice en su relato de las penalidades que tuvo que pasar con su compañero, sin mencionar el nombre de éste, pero los documentos antes referidos, hacen indubitable que lo fue Castilla (B 1 l. "Nada es comparable [expresa] a los "trabajos que pasamos desde el Piñón a esta hacienda de María Alvárez. Consi– "dérense dos hombres solos metidos en el centro del Brasil sin . . . guía, que se "ven en la precisión de cargar su caballería, componer las cargas y descargarlas, "sin entender lo uno ni lo otro, ignorando el camino y el idioma, perdiéndose mu– "chas veces cada día, sin encontrar a quien preguntar, y sin más auxilio que su "constancia para salir de aquellos apuros, y se podrá formar una idea imperfecta "de nuestro padecer" (n). Esta relación de Cacho cubre el viaje desde la salida de Río de Janeiro el 14 de diciembre de 1817 hasta el 23 de enero de 1818 (33). Ambos viajeros llegaron al Alto Perú alrededor del 15 de abril de 1818, ha– ciendo su entrada por el actual departamento de Santa Cruz de la República de Bolivia, en esos días llamada Provincia de Chiquitos ( 84). Tanto el expediente citado (85), como el Deán Valdivia (36), son coincidentes con el camino que siguieron Cacho y Castilla, el cual tiene el siguiente itinerario : Santa Cruz de la Sierra, Valle Grande, Chuquisaca, Oruro y La Paz, en territorio alto-peruano, para seguir por Puno, Cuzco, Huamanga, Huancavelica, Turpocotar, Viñac, Lunahuaná y Lurín para llegar a Lima el 17 de Agosto de 1818 (37). Indu– dablemente es que, a partir de La Paz, siguieron - como bien lo anota el P. Var– gas Ugarte - la ruta clásica, coincidente con la de Concolorcorvo (88), la que más tarde sería hecha, aunque a la inversa, por el Presidente Orbegoso, entre fines de 1834 y comienzos de 1835 ( 39).
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx