Boletín de la Biblioteca Nacional N° 41-42
9 recordar, siguiendo a Middendorf, médico y antropólogo alemán que lo conoció personalmente, que su aspecto era el europeo ( 5). La familia Castilla vivía en Tarapacá, villorio situado en un oasis formado por una quebrada enclavada en la dura tierra tarapaqueña. Suelo calcinado durante el día por un sol que reverbera en el caliche que se resque– braja con los hielos nocturnos y que se entristece en su amanecer por la húmeda y gris camanchaca. No hay razón para dudar que en el hogar de sus padres se profesase la mayor fidelidad y respeto por el lejano Rey, así como también hay pruebas que su padre don Pedro Castilla, fue un activo e industrioso minero (6), lo que le per– mitió dar ciertas comodidades a su familia, pues en otra forma no es posible explicarse como pudo decidir, como lo hizo, enviar a Ramón Castilla, junto con su hermano mayor Leandro, quien permaneció hasta su muerte en las filas del ejército Real de España, a Lima para que iniciasen sus estudios escolares. No se sabe, pero es de suponer que las primeras letras y los estudios preliminares los hicieron en su pueblo natal. La permanencia de los hermanos Castilla fue breve en Lima, pues un cote– rráneo, Matías de la Fuente, le ofreció una colocación a Leandro Castilla en Con– cep, Chile, por lo que se trasladaron a esa ciudad (7). Esto debió ocurrir entre l~ años de 1810 a 1811. Según la biografía de Mariano Felipe Paz Soldán y la del Deán Valdivia (8), Castilla fue dirigido en sus estudios, en Concepción por don Mariano Benavente, el Presbítero Cerda y el Padre Aleaga, a quien el Deán Valdivia nombra como Monaga. "Castilla - dice Paz Soldán - cuya precocidad era suma, no tardó en dis– "tinguirse entre sus condiscípulos por sus adelantos en humanidades y matemá– "ticas; haciéndose igualmente notable por la energía de su carácter, por su con– "tracción al estudio, su memoria prodigiosa y una actividad y fuerza corporales "muy superiores a su tierna edad" (9). Según otro contemporáneo, los hermanos Castilla, gracias a la ayuda de Matías de la Fuente, pudieron establecer un ne– gocio o tienda en Concepción para aumentar sus ingresos, tienda en la que debió distraer sus ocios escolares Ramón ( 1 o). La Revolución de la Independencia de Chile se inició como en otras partes de América, en 1810, creando una junta de Gobierno y negando su obediencia a las autoridades nombradas por el Rey o la Regencia, pero pretendiendo mantener la fidelidad al soberano peninsular. En Chile con el correr del tiempo, se van acentuando más y más los pasos hacia la Independencia, se crea la bandera na– cional, pero infortunadamente se originan varias corrientes, unas definidas por la Independencia y otras con más o menos rezagos fidelistas que crean la anar– quía entre los revolucionarios. Es este período el que la Historia chilena llama de la "Patria Vieja", la que, por las discordias intestinas de los patriotas, fue fugaz, ya que terminó en Rancagua, el 2 de Octubre de 1814, con el triunfo de los realistas. A comienzos del siglo XIX la segunda ciudad de Chile era Concepción, la que contaba en ese entonces con una población de solo unos siete mil habitan– tes, no obstante lo cual era cabeza de obispado, porque su importancia se basaba en razones que se van a expresar más adelante. Debemos señalar que en la época de la Patria Vieja se caracterizó Concepción por su fervor independientista. Es un lugar común en varias biografías escritas por contemporáneos y ami– gos de Castilla, que éste ingresó al ejército realista en Concepción en el año de 1812, específicamente en el regimiento de Dragones de la Frontera o de Concep– ción, que con ambos nombres se le conoce en la Historia de Chile. Pero hay que aclarar que el Coronel jefe de este regimiento, en 1812, era don Pedro José Be-
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