Boletín de la Biblioteca Nacional N° 37-38

10 de las pasadas grandezas incaicas. El Visitador pedía al Obispo sacar "del puesto en que se halla en el Colegio de San Francisco de BorjaH de esta ciudad el Quadro, ó Lienzo en que se representa la subcesión de los Yngas con sus trages, tomando un qualquiera pretexto que no descubra el fin que deve tener"'. Pedía el Visitador hacer cosa igual con otro cuadro semejante que estaba en el pueblo de Curawaci. El obispo Moscoso y Peralta, criollo arequipeño visto con desapego por los peninsulares y acusado de fomentar la rebelión de Túpac Amaru en sus pri- meros momentos, decidió aprovechar esta coyuntura para reiterar su fidelidad al rey Carlos III. Su respuesta al Visitador 03-IV-1781) es un alegato en contra de los indios y las supervivencias incaicas. Aconseja recoger todas las pinturas de los Incas que gozaban de gran veneración. Agrega que los Indios eran supersticiosos y muy apegados a sus tradiciones, más impresionables por lo que veían que por lo que podían oír, mezclando groseras prácticas idolátricas con el rito cris- tiano. Efectúa una descripción de sus trajes, instrumentos y lenguaje, recalcan- do la persistencia de este último. Su uso cotidiano hace que califique de idiomas vivos el Kechua, Aymara y Pukina, habla nativa que aconseja eliminar de ma- nera total. Al referirse a los Comentarios Reales y al caudillo Túpac Amaru, dice a la letra : "Si los Comentarios de Garcilaso no huvieran sido toda la lectura e instrucción del Ynsurgente Josef Gabriel Tupa Amaro; si sus continuas invecti- vas, y declamaciones contra los españoles, no se huviesen radicado tanto en su animo; si lo que habla de los Señores Virreyes que governaron los principios de este Reyno; de las Reales Audiencias, y demas Juezes, no se huviese permitido dar tan facilmente á la prensa, y en una palabra, si estas, y otras lecciones de algunos Autores Regnícolas no hubieran tenido la aceptación del Traydor en lo mucho que en ellas se vierte sobre la conquista no emprendería Tupa Amaro el arrojo detestable de su revelion. Este se mantenía quieto en los confines del cortisimo Pueblo de Tungasuca, reducido á la labor de unos infertiles sembra- dos, y sujeto al aparejo, y reata, en el tráfico de Mulas; pero la incauta expre- sión de muchos imprudentes, y manejo de aquellos libros que devian quemarse alentaron aquel espíritu para la irrupción que experimenta el Reyno y de cuias resultas, no podrían convalecer á no havernos deparado la Divina provindencia un He roe tan cumplido con Vuestra Señoría que con su infatigable actividad; y felix expediente, nos há redimido de la opresión presente, y vá á reparar sus lastimosas quiebras"," añadiendo que las Audiencias no debían tramitar ex- pedientes sobre reconocimiento de ascendencia noble proveniente de los anti-- guas Incas y se elimina a las autoridades específicas para el gobierno de los indios. Tan prolijo alegato fue reproducido como suyo por el visitador Areche," en comunicación (1-V-1781) que envió al ministro de Indias José de Gálvez. El Visitador siguió punto por punto el alegato del Obispo, proponiéndolo como uno de los más efectivos medios para pacificar definitivamente el Perú. Otras noti- cias enviadas al ministro Gálvez por el oidor Benito de la Matalinares, ratifican casi literalmente los conceptos del Obispo y del Visitador. Esto debió pesar en la 6. Este era el Colegio de Caciques del Cueco. 7. A. G. !., Audiencia del Cusco, Legajo 29. Véase del suscrito "Documentos de la Audiencia del Cusco en el A. G. l.", Lima, Edit. San Marcos, 1957. 8. A. G. l., Audiencia del Cusco, Legajo 29. 9. Ibid.

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